Los puentes de La Zarzuela

EL CORREO 23/06/14
TONIA ETXARRI

· Los nuevos Monarcas conocen perfectamente qué ocurrió durante los cincuenta años de terrorismo

Ahora que los nuevos Reyes, Felipe VI y doña Letizia, realizarán su primer viaje a Cataluña, que han cumplido con su compromiso de celebrar su primera reunión con los colectivos de víctimas del terrorismo, y los primeros sondeos de opinión empiezan a indicar cierta recuperación de la imagen de la Monarquía, el PNV va reafirmándose en su proclamación republicana realizada por Urkullu hace muy pocos meses. El lehendakari, junto a la generación de jeltzales que representa, ha abierto un nuevo capítulo en la relación del PNV con la Corona. El futuro no está escrito, pero los primeros indicativos marcan cierta predisposición al distanciamiento. Transcurridos unos meses desde que el lehendakari, para sorpresa de algunos propios, se declarara republicano, el día de la proclamación del nuevo Monarca redujo al mínimo institucional el protocolo en relación a Felipe VI. Ni un comunicado del EBB. Ni una salutación formal del Gobierno vasco. Tan sólo alusiones oficiosas al deseo del PNV de que el nuevo Rey ponga de su parte para resolver el «contencioso» de nuestras entretelas.

Se trata, de momento, del primer acto de la representación. Pero ya se aprecia un distanciamiento inusual en relación a sus predecesores, a la hora de establecer una línea más cálida con don Juan Carlos y lo que representó en la llegada de la democracia y la recuperación de los derechos históricos y las señas de identidad de la lengua y la cultura vascas. Quizás el mal momento de valoración de la Monarquía en la última etapa de don Juan Carlos haya podido incidir en esta actitud tan peculiar y distante de los actuales dirigentes del PNV, que parecen haber olvidado la historia y el calor de la Corona hacia Euskadi en los momentos más difíciles de nuestro recorrido. Pero deberían ser conscientes, como lo es Duran Lleida en Cataluña, de que el espacio del republicanismo como ‘banderín de enganche’ para cuestionar la permanencia del Estado lo tienen bien amarrado los radicales de EH Bildu y Podemos.

Ayer domingo en pequeñas poblaciones vascas cuyos habitantes apenas rozan el millar, en donde no se había visto otra enseña que la ikurriña desde que se instauró la democracia en 1977, desfilaron grupitos de paseantes portadores de banderas republicanas. Se van haciendo un hueco en la foto. Quizás desde que se sabe que Urkullu se siente republicano, sus seguidores han decidido añadir la república a la causa nacionalista. «Una república vasca» se ha llegado a oír estos días entre las reclamaciones de algunos representantes políticos de quienes, hasta hace bien poco, jamás se había oído pronunciamientos similares.

Los pescadores que quieren aprovechar las circunstancias del río revuelto tendrían que acabar proponiendo un referéndum para aclararse sobre qué tipo de república están hablando. Porque la historia está llena de ejemplos de repúblicas absolutistas y monarquías democráticas. Y viceversa. «La forma de Estado no es tan importante: lo que importa es la calidad del sistema», ha sostenido Rosa Díez. Y no le falta razón. Nuestros aspirantes a cambiar el mundo deberían orientar su GPS hacia la democracia, sin adjetivos ni apellidos. Es la fracasada segunda República española el referente de quienes no valoran la aportación de la Monarquía parlamentaria a la democracia de nuestro país?. ¿Aquella República que echó para atrás el Estatuto de Estella? O, ciñéndonos a la actualidad, ¿es la República bolivariana de Venezuela, quizás, su ejemplo a seguir? En Estados Unidos, los republicanos no son la alternativa a los monárquicos sino a los demócratas, liderados ahora por Obama.

Como el debate precipitado sobre monarquía o república se mueve sobre arenas inestables y muchos, incluido el aspirante socialista Eduardo Madina, están dando un paso adelante y dos atrás, quizás habría que esperar a que baje la marea.

El tiempo dirá si el PNV ha decidido apostar a fondo por el republicanismo, con la consecuente renuncia a una jefatura de Estado, sin adscripción política y con capacidad de arbitraje y mediación. Eso supondría un borrón y cuenta nueva de lo que supuso la Constitución del 78 para abrir el melón de una república que puede devenir en confederal o, ¿quién sabe? quizás jacobina con un presidente ‘sarkozysta’.

Las décadas pasadas de los jefes del PNV siempre se habían caracterizado, con alguna excepción de quien hizo de sus críticas a la Casa Real su modo de hacer política, por la prudencia, el respeto y la colaboración. Sin romper puentes.

Lo que parece claro es que los nuevos Reyes no se van a quedar encerrados en un palacio de cristal. Que han empezado ya a tender puentes. La primera entrevista de don Felipe ha sido con las víctimas del terrorismo. Tal como se había comprometido. Un rendido admirador de la fortaleza moral de quienes más sufrieron, que no sorprendió a las víctimas porque ya conocen su compromiso y cercanía desde hace muchos años. En ese acto de «extraordinaria generosidad», como lo definió Maite Pagazaurtundua, quienes pelean por dejar el relato de lo ocurrido en los años de las matanzas de ETA justo en el epicentro de la verdad, notaron la cercanía de los jóvenes monarcas. En una coyuntura como la actual en la que los herederos de Batasuna han desplegado todas sus energías en la agitación y propaganda con el fin de blanquear la historia de ETA, en un momento en el que el mediador Brian Currin habla de «guerra» y Martín Pallín pide a la Corona que reciba a los presos (así, para igualar «bandos»), las víctimas del terrorismo saben que los nuevos Reyes conocen con detalle qué ocurrió en los cincuenta años de terrorismo que dejaron destrozadas a tantas familias.