Iñaki Ezkerra-El Correo

  • En el panorama electoral vasco Bildu ha subido cuando Podemos bajaba y viceversa

Es la humillante paradoja de los comicios generales que nos traerá el 29 de noviembre, así como de la estocada a esta rocambolesca y colorista legislatura que finó el 5 de octubre con dicha convocatoria electoral: no se las vamos a deber a la inoperante oposición al sanchismo ni a las atribuladas fuerzas constitucionalistas sino a los enemigos de ambas. Las elecciones que pueden traer la solución a este país vienen de la mano de los que crearon el problema. Vienen de Junts, el partido que ha tenido que elegir entre seguir sosteniendo a Sánchez o empezar a sostenerse a sí mismo frente a la creciente amenaza que constituye para sus votos la Aliança Catalana, esa formación que es más coherente con su racismo, su independentismo y su ultraderechismo que la de Turull.

Se atribuye a Teresa de Ávila la sentencia de que «Dios escribe derecho con renglones torcidos». Si fuera así, habrá que pensar que este país es profundamente religioso porque los renglones torcidos nos sobran en la política; son nuestra genuina marca de la casa nacional, nuestra original aportación al pensamiento político; nuestro hábitat, el medio ambiental en el que nos encontramos realmente a gusto, aunque uno no esté tan seguro de que tanto torcimiento y retorcimiento caligráfico nos lleve a un buen fin.

Sí. Hay renglones torcidos y retorcidos que no llevan a ninguna parte que sea digna de elogio. Los que trazó el PNV en la moción de censura de 2018 capitaneada por Sánchez son los que nos han conducido hasta aquí. A ese partido, que no tiene a una Silvia Orriols del Goierri que le dé pesadillas como las que le produce la de Vic a Junts, tenemos que agradecerle estos últimos ocho añitos que nos ha regalado y que, en lo que toca a los intereses reales y efectivos del País Vasco, solo han servido para postergar la integración del AVE en sus tres capitales y todas las demás infraestructuras ferroviarias que pactó Urkullu con Rajoy en aquellos Presupuestos Generales de triste recuerdo que acabaron en el cubo de la basura. Ese destino escatológico sirvió para inaugurar una gloriosa etapa revolucionaria en la que la anual presentación, tramitación y aprobación presupuestaria que dicta nuestra Constitución ha constituido una excepción: ni se aprobaron los Presupuestos de 2019 ni los de 2020, ni los de 2024 ni los de 2025, ni los de este presente 2026.

Los renglones torcidos, sí. La acampada de Sol, que lejos de desinflarse, va expandiéndose por las calles aledañas tras la muerte de Maricarmen, va a suponer un inevitable regreso a la vida de los populismos de izquierda que puede tener una curiosa lectura en el futuro panorama electoral vasco donde Bildu ha subido cuando Podemos bajaba y viceversa. Otra vez los dichosos renglones torcidos…