Jesús J. Hernández-El Correo

  • Reivindica que «en mis años de rector hicimos lo que había que hacer: combatir el terror con beligerancia»

Trae bajo el brazo los últimos exámenes que corregirá en una dilatada vida profesional. Hace 48 años que Manu Montero empezó a ser profesor. «Lo echaré de menos. Me ha gustado siempre dar clase». Empezó en la Universidad de Deusto y luego pasó a la UPV -ahora EHU-, donde fue elegido decano y posteriormente rector, entre 2000 y 2004.

– Ha recibido dos homenajes de sus compañeros en los últimos días.

– Sí, el jueves pasado en Vitoria y esta semana aquí. Estoy realmente agradecido a mis colegas y a toda la gente que me ha escrito, que ha sido muchísima. Aunque bueno, el clásico decía ‘Dios nos libre de la hora de los homenajes’ -risas-.

– Los años de su rectorado, comienzos de los 2000, fueron durísimos.

– Sí, lo fueron. Fui decano de Periodismo y Comunicación de 1997 a 2000 y entre 2000 y 2004, rector.

– ¿Qué recuerda de esa época?

– Intento no pensar mucho en esa época. Fue muy intensa; pasaron muchas cosas. Aquel acoso del terrorismo. Lo recuerdo de una forma peculiar, como si le hubiera pasado a otro. Sé que soy yo pero lo miro de ese modo, como si fuese una película. La universidad tuvo que gestionar momentos muy duros por ese acoso terrorista y tuvo que posicionarse. Hay mucha gente que se pregunta hoy, tal y como han acabado las cosas, si mereció la pena. No tiene sentido cuestionárselo. Hicimos lo correcto, lo que había que hacer: defender la democracia. Lo que haya pasado después no es de nuestra incumbencia. Hicimos lo que había que hacer y de forma contundente: combatir el terror y la violencia política.

– Imperaba el miedo. Entre los profesores, claustros, alumnos…

– Sí, una vez empecé a escribir sobre el miedo. Es algo que se extiende de forma muy rápida. En semanas, el miedo se expande de forma exponencial y, cuando intentas atajarlo, cuesta mucho. Pero lo conseguimos. En otoño de 2001 creo que empezamos a controlarlo, pero se mantuvo en toda esa época. Hoy a mucha gente le costaría imaginar una de aquellas ‘jornadas de lucha’ con todo lleno de pintadas. Tuve claustro uno de aquellos días y recuerdo que me mandó un mensaje un vicerrector. «Todo bien. Dos heridos y cuatro detenidos». Conservé aquel mensaje mucho tiempo porque resumía bien aquel tiempo. Con todo aquello convivimos.

– ¿Hubo algún momento, alguna decisión concreta en que usted pensó: me la estoy jugando?

– No, nunca. Desde el primer momento sabía que podía pasar… -se refiere a las amenazas de ETA pero no termina la frase-. Las elecciones iban a ser el 24 de febrero y la víspera asesinaron a Buesa. Se retrasaron una semana. Estaba muy claro, desde el principio, que eran puestos muy conflictivos.

– Defendió una universidad «no neutral».

– No se puede ser neutral ante el acoso y la violencia, ante el terror. Es evidente. Hay que ser beligerante contra el terror y lo fuimos. El arma que tenemos es la palabra.

– ¿Qué le parece que se quite de los estatutos la alusión al terrorismo?

– En mi época creo que tampoco había alusión. Eso no nos impidió posicionarnos contra el terrorismo. Yo no lo hubiese quitado, pero no es lo importante. Lo importante son las actitudes. Si hace falta que esté en los estatutos, vamos mal.

– ¿Qué opina de que dejen el nombre de la universidad vasca solamente en euskera?

– Yo soy profesor de la Universidad del País Vasco, Euskal Herriko Unibertsitatea. He sido rector de esa universidad y ahí me siento bien. Sigue siendo así; el cambio lo tiene que aprobar el Parlamento.

– ¿Qué le parece la propuesta?

– No sé. En general, las marcas no se suelen cambiar. IBM no lo cambia porque se asocia a un prestigio. Y además UPV y EHU no significan lo mismo -una alude al País Vasco y otra a Euskal Herria-.

– ¿No sería bueno que la universidad reivindique las dos lenguas?

– Por supuesto. Somos una sociedad bilingüe y se supone que estamos contra la discriminación lingüística.

– De eso hablaba usted hace poco en un artículo en este diario.

– Así es. Si hace 40 años alguien hubiese reivindicado que todos los vascos estudiasen en su lengua materna, habría sido considerado avanzado y progresista. Si en 2026 alguien reivindica que todos los vascos puedan estudiar en su lengua materna será tachado de carca y antivasco. Los valores cambian y no deberían cambiar. Hablo también de la conversión en lengua hegemónica aquella que habla un tercio de la población. No se puede utilizar para excluir ni para discriminar.

Un país cegado

– Le tengo que preguntar por la polémica de los ceros en euskera…

– No la he seguido… pero sorprende que se haya producido algo así.

– 79 de 80 ceros en un corrector.

– En toda mi vida, si sumo todos los ceros, no alcanzo seguramente a esa cifra. Sólo lo he hecho con algún examen en blanco. En miles de exámenes no he llegado. No me extraña que sea en un solo corrector. Hubiera extrañado que algo así pase en más. Si se quiere desarrollar una política lingüística para que la gente odie el euskera, todo a machamartillo… mal. A veces parece que estamos en eso y no es nada bueno. Hacer del euskera un idioma antipático y a machamartillo no es la solución para fomentarlo. Y los ceros a mansalva tampoco son la solución.

– ¿Qué papel deben jugar los historiadores en el relato de lo que sucedió en los años del terrorismo?

– Creo que el papel de los historiadores en este tema está bien. Hay una producción amplísima de libros y de calidad. No sé si eso hace mella, si eso llega a la noción pública. No todos los relatos son válidos. El relato debe ser democrático y buscar la verdad y no vale irse a la prehistoria ni a imaginaciones. Hay que llamar al terrorismo, terrorismo. Y decir que eso no es una opción legítima. No puede haber glorificación del terror ni de quienes lo jalearon y lo siguen jaleando. No ha habido ni arrepentimiento, ni examen de conciencia, ni nada.

– Y, sin todo eso, ¿se puede construir algo?

– No. Por supuesto que no. Se puede hacer un parque temático de la felicidad en que no se hable de estas cosas hasta que vayas a las txosnas y te encuentres esas fotos de miembros de ETA. Pero eso sería un país cegado. Igual quieren eso.