Inés Gallego-El Correo

Socia fundadora de Women In Nuclear, red de mujeres profesionales en el sector nuclear de España, y responsable de sostenibilidad en la ONG Energía sin Fronteras.

  • España necesita energías renovables, pero también almacenamiento, redes sólidasy capacidad firme. La energía nuclear da esa firmeza

Hay sucesos extraordinarios, momentos mágicos que tenemos que celebrar. El 12 de agosto el Sol, la Luna y la Tierra se alinearon para que disfrutáramos de un eclipse total.

Ese mismo día (publicado en el BOE 2 días después), el Gobierno renovó la autorización de la explotación de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030. Los intereses de las compañías eléctricas, del Gobierno y de un colectivo mayoritario se habían alineado. El protocolo firmado en 2019 contemplaba el cierre de Almaraz en 2027.

El Gobierno ha tratado de quitarle trascendencia a esta resolución. Lo fundamenta en la tensión económica por la crisis en Irán, la guerra en Ucrania y el conflicto en Oriente Próximo. Insiste en que no altera el resto del calendario de cierre, que no compromete los objetivos nacionales de energías renovables, ni las metas europeas de descarbonización y que tendrá un efecto «acotado y poco significativo».

Sin embargo, lo que ha sucedido con Almaraz tiene un impacto directo en todo lo que está por venir. Analizando la situación de las centrales en operación nos llama la atención que en 2030 cierran cuatro grupos. Y en cinco años cierran las 7. Pero recordemos que esas 7 centrales también se pusieron en marcha en un plazo de 5 años (1983-1988).

Seamos positivos. No es la primera vez. En 1971 tres empresas (Gibbs&Hill, Técnicas Reunidas, y EPTISA) crearon Empresarios Agrupados para diseñar las centrales. Yo entré en la empresa en 1981. Diseñamos 5 centrales a la vez: Almaraz I y II, Valdecaballeros (que no llegó a operar) Cofrentes y Trillo. Las centrales catalanas no estaban incluidas. Todo era nuevo, todo era fascinante.

Los expertos dicen que desmantelar 4 grupos (Almaraz I y II, Ascó I y Cofrentes) será una situación muy tensionada. Es verdad. También dicen que el desmantelamiento de la central de Garoña (inactiva desde 2012) está siendo un calvario. Eso resulta exagerado. El 24 de junio estuve en Garoña. Han pasado más de 40 años, pero volví a revivir aquellos tiempos en los que todo era un reto, innovación, trabajo en equipo…

Desde Transición Ecológica, insisten en que desmantelar 4 grupos representa un desafío, pero no un problema. Que cierto solapamiento es inevitable y que Enresa tiene hasta el año 2030 para prepararse y dimensionarse. No parece sensato.

Las eléctricas han celebrado la prórroga de Almaraz. Endesa e Iberdrola querían una ampliación de 10 años y un recorte de impuestos. Naturgy no lo apoyó y las decisiones deben adoptarse por unanimidad. El plazo se acortó y renunciaron a los recortes fiscales.

El Gobierno asegura que las eléctricas han renunciado a la rebaja fiscal. Foro Nuclear, la patronal del sector, considera necesario abordar «con sosiego y rigor», el papel de la energía nuclear en el futuro, pero recalca que «resulta imprescindible revisar las condiciones regulatorias, económicas y tributarias». Iberdrola y Endesa aspiran a una prórroga generalizada, pero insisten en que las cargas tributarias hacen inviable el negocio.

Los políticos han reaccionado con vehemencia ante la prórroga. Sumar ha acusado al PSOE de romper el pacto y plegarse a las exigencias de las empresas energéticas. Podemos también ha criticado la resolución. Desde el PP exigen la ampliación de vida de todas las centrales. Vox contempla, además, nuevas instalaciones. También Junts defiende la continuidad de sus centrales. ERC parece más tibio y el PNV considera que el debate nuclear está superado.

No es bueno que la política energética esté polarizada. Necesitamos un debate energético basado en criterios técnicos, económicos y de seguridad de suministro; no ideológicos.

En Cataluña, la prolongación de vida de Almaraz ha abierto un fuerte debate político. El cierre de las tres centrales (Ascó I y II y Vandellós II) está previsto entre 2030 y 2035. Cataluña, como el País Vasco, tiene un importante tejido industrial. La diferencia es que en Cataluña la mitad del consumo eléctrico se genera con energía nuclear.

Salvador Illa respalda el calendario de cierre, pero el frente pronuclear es muy potente en Cataluña: Empresaris de Catalunya y patronal (Foment del Treball) han publicado manifiestos pidiendo que no se cierren porque Cataluña dejaría de ser energéticamente autosuficiente. El Cercle d’Economia dice que la nuclear es «muy relevante».

Se publicó antes de la ampliación de Almaraz que Moncloa había trasladado a Junts y a ERC la intención del Gobierno de ampliar la vida útil de todas las centrales y, por supuesto, de las catalanas. Sin embargo, la orden ministerial habla de Almaraz como un caso excepcional.

La voluntad de los catalanes parece clara. La estrategia de Endesa, accionista mayoritario, ya ha sido comunicada a la Generalitat y es la misma que en Almaraz: esperar hasta el último momento.

Conclusión: España necesita energía renovable, pero también almacenamiento, redes sólidas y capacidad firme. La energía nuclear da esa firmeza. La próxima revisión del plan energéticos llegará en 2028. Parece que las empresas no moverán el asunto de manera oficial hasta esa fecha.

Almaraz nos regala tiempo… ¿Lo aprovecharemos?