Memoria sostenible

Santiago González, santiagonzalez.wordpress.com, 22/1/12

El diario El Correo publica todos los domingos una interesante sección retrospectiva, un tal como éramos urbano y provincial, ‘Crónicas de Bilbao y Bizkaia’, que firma el historiador Imanol Villa, y antes que él Manu Montero. Hoy se recuerdan los incidentes que se desarrollaron al término de un mitin celebrado en el Frontón Euskalduna, que en 1932 se levantaba en la calle que aún hoy lleva ese nombre. En tres días, Bilbao vivió hace 80 años unas jornadas de locura extrema en las que se registraron tres víctimas mortales, tal como cuenta Villa.

Leo la noticia que el mismo periódico publica en la sección de Política sobre el acto de homenaje en el cementerio de Polloe a Gregorio Ordóñez. Pocos asistentes, prácticamente todos del PP, además de víctimas, como Estibaliz Garmendia, viuda de Joseba Pagaza, Caty Romero, viuda del policía Alfonso Morcillo,  y la significativa presencia de UPyD, representada por Gorka Maneiro y el diputado Toni Cantó.

Si señalamos al azar tres días consecutivos del calendario, es casi seguro que encontramos más víctimas de la violencia etarra  que en aquellas jornadas. A título de ejemplo y en lo que se refiere a ETA: entre el 29 y el 39 de septiembre de 1979, tres; el 28 de noviembre, otros tres; el 1 de febrero de 1980, seis; el 8 de febrero, dos; entre el 15 y el 16 de mayo, seis; el 28 de junio, tres; el 20 de septiembre, cuatro; el 29 de septiembre, dos; entre el 2 y el 4 de octubre, siete; el 23 de octubre, tres; entre el 29 y el 31 de octubre, tres; el 3 de noviembre, cinco; el 6 de noviembre, tres y el 27 de noviembre, cuatro. En 14 meses.

Haría falta una crónica retrospectiva más próxima en el tiempo para no incurrir en los síntomas del alzheimer o de la memoria histórica: recordar con precisión hechos muy lejanos mientras nuestra memoria emborrona los contornos de recuerdos mucho más cercanos. Por eso me van a perdonar que repita en el mismo asunto de Polloe. Quizá había poca gente y de un espectro reducido porque estaban en las fiestas de San Sebastián. Qué más hubieran querido Juan Karlos Izagirre, ese alcalde sonreidor, y el adusto diputado general que haber acudido al cementerio, pero no se pueden poner actos funerales en medio de las fiestas; te bajan el punto. En esa ciudad donde ETA ha matado en cien ocasiones y donde se celebran tantas fiestas, tenían que coincidir con el crimen. Las fiestas vascas, dijo hace ya tiempo Manu Montero en gran paráfrasis de Von Clausewitz, son la continuación de la política por otros medios. Él se refería a la ‘kale borroka’ y al eslogan muy en boga por entonces “jaiak, bai; borroka ere bai” (fiesta, sí; lucha también) pero, naturalmente, hay que distinguir fiestas menores y mayores, quemar un contenedor y disparar contra la cabeza de un  paisano.

Por eso ha pasado más veces. En plena víspera de San Sebastián, el 19 de enero de 1993, dos terroristas, alertados por ¡sí, Valentín Lasarte! asesinaron  al empresario José Antonio Santamaría, en la sociedad gastronómica Gaztelupe, mientras cenaba. También mató en los carnavales de Tolosa, a Patxi Arratibel. Es lógico que a los funerales sólo vayan los propios y algunos allegados y que quienes consideran que el acercamiento del‘txibato’ Lasarte a Nanclares es uno de los misterios gozosos de la pacificación lo vean con más distancia, porque como dice el consejero de Interior en las dos páginas anteriores: “Es necesario recuperar para la democracia a los que han estado en el totalitarismo”, traducción al buenismo autóctono de la Alianza de Civilizaciones.

Mientras, Consuelo Ordóñez, la hermana de Gregorio, decía ayer que una ciudad regida por quienes no han condenado uno solo del centenar de asesinatos cometidos en ella “no puede optar más que a la capitalidad de la indignidad europea” (en relación con la capitalidad europea de la Cultura que San Sebastián ejercerá en 2016). Ana Iríbar tampoco entiende las prisas: “no se tiene que hablar tanto de perdón, sino de colaboración” con la Justicia, que ayuden a esclarecer los 300 asesinatos que están impunes. “A Gregorio lo asesinaron porque molestaba al plan político de ETA, y no nos parece en absoluto ético ni moral que quienes defienden el proyecto de la banda tengan derecho a presentarse a unas elecciones cuando a mi marido se le quitó esa oportunidad.”

Santiago González, santiagonzalez.wordpress.com, 22/1/12