Menos es Mas

ABC 09/06/13
JUAN CARLOS GIRAUTA

CiU se está hundiendo: muchos votantes prefieren el original (ERC) a la copia

Sin acento y con mayúscula. Las últimas encuestas catalanas llevan a las portadas el elefante del salón: CiU se está hundiendo. Por primera vez en más de tres décadas, los constructores nacionales perderían las elecciones. Se alzaría con el triunfo ERC, que tenía hace medio año diez escaños y hoy sacaría cuarenta. ¿Qué ha sucedido? Que Artur Mas ha logrado su objetivo: convertir el secesionismo en la opción política «central» de Cataluña, institucionalizándolo (y anticipándolo a cualquier consulta) mediante órganos como el Consejo de Transición Nacional. Presentándolo como única solución a los males económicos y sociales del Principado, que serían resultado de pertenecer a España, expoliadora insaciable. Llegados a este punto, y por utilizar el giro en boga, muchos votantes convergentes prefieren el original a la copia. Es natural.

Menos natural es que Mas no previera este desenlace. En realidad, sus encuestas internas no han dejado de señalarle la tendencia que acaba de hacerse pública. En estas páginas revelé el dato que CiU conoce hace meses: la previsión de su caída de cincuenta a treinta y cinco diputados (después de haber perdido doce en las últimas elecciones). Curiosamente, el secretario de Organización de Convergència se ha mostrado encantado con la encuesta de El Periódico de Catalunya: lo importante para ellos es que se refuerza la mayoría social a favor del «Estado propio». Otra cosa es lo que digan en privado los diputados que se van a quedar sin escaño, la cúpula que se va a quedar sin gobierno y los atónitos empresarios que hasta septiembre pasado apuntalaban la gran fortaleza convergente.

Quien crea que Mas dispone de tres años y medio de legislatura para enderezar las cosas olvida que el gobierno de CiU no es viable. En seis meses no ha llevado una sola ley al Parlamento, es incapaz de aprobar los Presupuestos, y su alianza con ERC se romperá si el ejecutivo catalán no formaliza, antes de acabar este mes, lo que prevé su acuerdo: una propuesta de consulta soberanista al gobierno español, abriendo la consiguiente negociación, y decidiendo y explicitando la pregunta que será sometida a los catalanes en 2014.

Pero Mas actúa como si su gobierno, sin aprobar Presupuestos y sin legislar, fuera viable. Quizá haya llegado a creerlo; lo que pueda estar sucediendo en la cabeza del cabeza es un misterio. En cualquier caso, si las elecciones se celebran lo antes posible –es decir, a principios del año próximo–, la tendencia dibujada en las encuestas no variará. Si convoca más tarde, empeorará aún más sus expectativas, ya sea porque sigue operando la lógica del original y la copia, ya sea porque don Artur rectifica en su proyecto, que no creo. Más probable parece que los suyos le hagan antes la cama. Los movimientos ya han empezado. Qué decir de los miembros de Unió, un partido que ni por asomo piensa entrar en un futuro gobierno bajo la presidencia de Oriol Junqueras. Esta obviedad parece escapar a quienes suman la futura mayoría de ERC a los escaños de una CiU segundona. Mas no cuenta siquiera con el apoyo claro de los miembros de su gobierno, a excepción de Homs, consejero de Presidencia.

Ah, Homs. El Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, que de él depende, prepara el simposio de historiadores «España contra Cataluña» como parte de la conmemoración del tercer centenario de los hechos de 1714, festejos que prevé concluir en septiembre del año que viene con la celebración de la famosa consulta. En este callejón oscuro se ha metido Mas, el hombre que destruyó el partido de Pujol. Entre otras cosas más serias.