Antonio Rivera-El Correo
- Los fuegos artificiales entre socios son ya parte del escenario, necesitados todos de marcar perfil propio. También las grandes tendencias: todos moderados
O se podría titular del revés: tan cerca y tan lejos. Solo un año media entre el 23 de mayo de 2027 y hoy, y algo se ve, pero nada se puede aventurar. Las elecciones municipales son las que más y mejor expresan la pluralidad social al generar parlamentos locales muy amplios y representativos de diferentes opciones de desigual tamaño. Las cuestiones domésticas y el atractivo de las personas candidatas mueven esos pocos votos que te dan o te quitan, ganando o perdiendo casi al completo. Minorías mayoritarias pueden quedarse con el bastón de mando si la suma del resto no se pone de acuerdo, proporcionando identidades o adscripciones locales poco rigurosas. A la vez, esos acuerdos pueden funcionar con diferencia, al margen y, a veces, también con rebeldía más o menos tolerada desde los aparatos partidarios por mor de cuitas locales o conllevancias que solo se entienden a ese nivel. De manera que, si las grandes tendencias no le son ajenas a su aplicación local, ni el voto del telediario deja de influir en sentidos encontrados, no por eso, al final, son los detalles más cercanos los que definen una aritmética siempre al límite.
Lo cierto es que los aparatos de los partidos y la atención de la prensa se han activado desde hace algunas semanas y ya se encuentran todos en modo electoral. Todo lo hacen pensando en eso y todo se interpreta desde ese prisma. Algunos, como el PNV, han confirmado ya algunos nombres de candidatos, pero la mayoría no desvela decisiones todavía no tomadas. Hacerlo con demasiada antelación es tan arriesgado como hacerlo en el momento final, tarde. Quien ha podido proceder a una sucesión ordenada –como los jeltzales en San Sebastián– lo ha hecho, y quien se ve cómodo con su actual alcaldía –la socialista vitoriana– se limita a reiterar que será su cabeza de cartel. Todos los demás, la mayoría de formaciones y de localidades, están aún en ‘stand by’, a la espera.
¿De qué? De lo que depare una política española –no vasca, en este caso, en modo oasis– densa en acontecimientos. Las posibilidades de que Sánchez trate de taponar su sangría manejando fechas ventajosas para el adelanto de las generales está en la mente de todos, y ello influiría notablemente en las locales. Por el contrario, los fuegos artificiales y las pullas entre socios son parte ya del escenario preelectoral, necesitados todos de marcar perfil propio. También las grandes tendencias, todos moderados ahora en Euskadi: los unos hablando solo de lo que no les quitaría votos, los otros acentuando su querencia por el orden y la autoridad, los que quedan, haciéndose hueco en la negociación con esas dos fuerzas nacionalistas hegemónicas. La aspiración de todos, al menos salvar los muebles que ya tienen. La específica de los dos mejor situados, resistir o desbordar un equilibrio de fuerzas cada vez más ajustado y que les puede deparar el control (o la pérdida) de las ambicionadas diputaciones. Así que, esta vez sí, el coto electoral vuelve a estar centrado, aunque para cada cual el centro esté en sitios diferentes. Se impone la prudencia.