Nacionalismos o igualdad

LIBERTAD DIGITAL 30/09/16
GORKA MANEIRO

Parece que uno no pudiera ser de izquierdas y defender la igualdad y la unidad de España frente a la multiplicación de los localismos, los regionalismos y los nacionalismos que nos acechan. Y si uno defiende la unidad de España frente a los secesionistas, que pretenden la ruptura del Estado, por mucho que defienda propuestas políticas progresistas, es automáticamente calificado como «de derechas». Como escribió Antonio Muñoz Molina: «Primero se hizo compatible ser de izquierdas y ser nacionalista. Después se hizo obligatorio». Y en esas estamos. Sea como fuere, y más allá de los problemas internos que afectan gravemente al PSOE, en España tenemos el serio problema de que no existe un partido político a la izquierda del centro político que defienda la igualdad de derechos y deberes para el conjunto de los ciudadanos españoles y se enfrente con argumentos y sin complejos a cualquier nacionalismo. El PSOE dejó de hacerlo hace muchos años.

Todos los partidos con representación en el Congreso que se sitúan en el centroizquierda, en la izquierda o en la extrema izquierda coquetean con los nacionalismos disgregadores que pretenden romper España, cuando no abiertamente los abrazan. Algunos de ellos, como Podemos, adoptan el discurso y las tesis nacionalistas y defienden incluso el derecho a decidir reivindicado por los nacionalistas vascos o catalanes: esa falacia que lo que de verdad pretende es que los demás ciudadanos españoles no podamos decidir sobre las cuestiones que nos afectan. Es la izquierda reaccionaria. Otros incluso son abiertamente nacionalistas e incluso independentistas.

Todos esos partidos políticos defienden los derechos históricos del País Vasco, el concierto económico vasco o el convenio navarro. Todos esos partidos dan por buenas las políticas lingüísticas discriminatorias puestas en marcha por los nacionalistas en el País Vasco y Cataluña, en algunos casos con su participación directa o su aliento. Todos ellos se muestran dispuestos a recoger constitucionalmente el supuesto hecho diferencial catalán, el pacto fiscal o la inmersión lingüística, ideas todas ellas profundamente reaccionarias, profundizadoras de la desigualdad en España. Yo he visto a los socialistas vascos reivindicar, con mi apoyo y como corresponde, mismos derechos y deberes para los vascos en cualquier parte de Euskadi… pero renegar y votar en contra de que los españoles tengamos los mismos derechos y deberes en cualquier parte de España. El PP ha asumido igualmente muchos de estos planteamientos (la foralidad del PP espanta, aunque, a estas alturas, ya no sorprenda), e incluso Ciudadanos se ha acercado a bastantes de ellos por intereses electorales.

Sin embargo, uno siempre espera algo más de quienes se autoproclaman «progresistas» a la hora de defender la igualdad: sin embargo, cuando se trata de elegir entre nacionalismo e igualdad, la izquierda orgánica actual elige nacionalismo, esa ideología profundamente reaccionaria. Por tanto, no hay un partido situado a la izquierda del centro político inequívocamente nacional y progresista dispuesto a defender la igualdad en España (y en Europa), desarbolar con argumentos las falacias de los nacionalistas, oponerse al fraccionamiento progresivo del Estado y a la multiplicación de las fronteras interiores, poner fin a todos los privilegios territoriales hoy día existentes o defender la unidad del Estado y los derechos de ciudadanía frente a las milongas identitarias. Y sería importante que lo hubiera. Un partido nacional y progresista que defienda el Estado del Bienestar, las políticas sociales y la socialdemocracia, medidas de lucha contra la corrupción y para la regeneración política, cambios legales, institucionales y constitucionales y que, a la vez, defienda sin ambages la unidad del Estado frente a los secesionistas que pretenden romperlo: porque sin nación ni Estado no hay políticas sociales, Estado del Bienestar ni igualdad ciudadana posible. Porque sin Estado no hay democracia.