RAMÓN PÉREZ-MAURA-EL DEBATE
  • Nunca se había llegado en un Estado de derecho con una carrera profesional de alto nivel y prestigio como es el nuestro, tan lejos y tan rápido a esta recreación bolivariana de una diplomacia al servicio de un ministro y un gobierno concretos
Vivimos tiempos en que la capacidad de comunicación es casi infinita. Y el número de diplomáticos que te llaman para llorar por las condiciones que vive hoy la Carrera es más que infinito. Según salgo de la Misa del Domingo de Resurrección en Marrakesh, recibo la llamada de un embajador de España, hogaño destinado fuera de nuestro país en un puesto menor y que en este momento también se ha ido de vacaciones. Mi amigo empieza por denunciar lo obvio:
«Algunos periodistas, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor conocimiento de causa, han examinado el estado de las cosas de la Carrera Diplomática o si se prefiere del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Muchos se han fijado en lo más evidente, en el abundamiento hasta el exceso de la práctica de utilizar nuestras embajadas como depósito de políticos cesados y de antiguos leales y comparsas del sanchismo, con independencia de sus méritos, experiencia y capacidades o de sus conocimientos de idiomas o de las técnicas y usos diplomáticos, de los intereses de España y de nuestra política exterior. Algunos de estos cuneros de la diplomacia se han hecho inmediatamente famosos en la carrera por fijarse más en el tamaño de sus residencias que por su afán hacia la tarea encomendada de ser nuestros máximos representantes en el exterior».
Intento calmar a mi amigo diciendo que los periodistas solemos empezar por fijarnos en lo que nos parece lo más grave, que suele ser lo más obvio. Y ahí me da la razón mi interlocutor.
«Claro, qué van a saber y qué van a escribir estos plumillas, si ha desaparecido la Diplomacia Pública, las ruedas de prensa, las entrevistas con los embajadores y demás altos cargos que tienen prohibido, prohibido todo trato con periodistas, corresponsales y demás tropa de la información.
»No dudo que haya precedentes en todo tiempo y lugar y por supuesto también en nuestro país, de este uso del Real Decreto para colocar a amigos y correligionarios en pago de favores pasados, pero hay que reconocer que nunca se había llegado en un Estado de derecho con una carrera profesional de alto nivel y prestigio como es el nuestro, tan lejos y tan rápido a esta recreación bolivariana de una diplomacia al servicio de un ministro y un gobierno concretos.
»El presidente Sánchez parece mostrar el mismo respeto hacia la más antigua diplomacia de Europa que hacia la veracidad de su tesis doctoral, como diría el escéptico. Y eso es lo que hay cuando se manda a Iceta a la Unesco, donde acudirá menos aún que su predecesor, o a Gómez a Naciones Unidas, donde ni está ni se le espera. Eso es también lo que hay cuando se elige para la secretaría de Estado de Unión Europea a un chico de las juventudes socialistas de Palencia que era «asistente», eso exactamente, «asistente» en el gabinete de la señora Von der Leyen a la que probablemente nunca pasó de saludar con cierta distancia, y que desempeña su cargo desde Bruselas –¡el secretario de Estado, no Von der Leyen!– y no desde Madrid, porque es lo que le viene bien a él. Considerando que un secretario de Estado es un miembro del Gobierno en su segundo escalafón, ésta puede ser la primera vez en la historia de España que un miembro de esa institución paga sus impuestos en otro país…»
Y ¿cómo es posible que esto no se haya denunciado desde dentro de la propia Carrera? pregunto a mi amigo embajador.
«De momento poco más hay que añadir. Ya irán apareciendo noticias sobre el abandono de sus funciones y el desaliento de sus colegas. Ya se irán conociendo –o al menos lo haremos los profesionales– las oportunidades falladas, los pleitos perdidos y la mengua en nuestra reputación internacional, tan dura de ganar y tan rápida de perder.
»Pero si esto es grave, no es con todo lo peor. Lo peor son los modos, los gritos, las amenazas, los ataques enfurecidos y los malos tratos de un ministro bipolar y faltón y del equipo de sicofantes y pelotas que lo acompañan. El justamente llamado «Napoleonchu», con tantos complejos como pretensiones, ha conseguido superar y romper todos los límites conocidos de terror en los pasillos de Santa Cruz y Marqués de Salamanca. Nunca en la historia reciente de la carrera diplomática había habido un consenso mayor y tan negativo sobre un ministro y sus secuaces, mezcla de secretarios de Estado ignaros de la materia y de camarilla fernandina, cuyo único poder es el de colocar a amigos en los pocos puestos donde no se han colocado ya ex cargos de la Moncloa o antiguos ministros o diputados necesitados de acomodo.»
Pero eso tiene que generar alguna reacción en los miembros de la Carrera, pregunto…
«¡Claro! Entorno a quien llamamos hace años «Napoleonchu», se ha asentado un «Albarato» que sólo premia a un círculo muy estrecho y sectario y a los más jóvenes, unos por ser quizás los únicos capaces de mostrar lealtad absoluta al jefe y al «proyecto» y los otros, porque todavía no saben que ésta es una carrera y que no por llegar pronto se llega más lejos. La estampida exterior es tal que no queda vacante en embajada, por lejana que sea, por la que no peleen veteranos, antiguos embajadores defenestrados, compañeros de promoción de Albares y gente que en general merecería mejor trato por su experiencia y talento. Saben que no la tendrán.
»Cuando este gobierno termine y Albares baje las escaleras de la antigua Cárcel de Corte, hoy palacio de Santa Cruz y salga finalmente por la puerta bastará poco para mejorar la política exterior de España. Solo hará falta un ministro sensato y equilibrado que trate a su función y a sus subordinados con el respeto que merecen.
»Por lo que se refiere al actual ministro, quizás siga la senda inaugurada por su antecesor Moratinos y acabe, si tiene suerte, a sueldo de las potencias siempre generosas del Golfo.»
Mi amigo, que tiene la suerte de estar destinado fuera de Santa Cruz, tiene una manifiesta melancolía. Coincide con la opinión de tantos diplomáticos… Pero recojo sus palabras porque creo que resumen muy bien el momento que vive el servicio exterior español.
España, Miércoles Santo de 2024