Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Las narrativas que hasta ayer les servían para cohesionar a su tropa están fracasando
En la factoría de propaganda de Moncloa, en algún momento habrán llegado a una dolorosa conclusión: las narrativas que hasta ayer les servían para cohesionar a su tropa están fracasando. Al PSOE, demostrada su inutilidad como Gobierno, se le desploma la triquiñuela del burladero izquierda contra derecha. Les ha desenmascarado como nadie el diputado socialista de Ceuta Melchor León, una gota en el océano. Si tiene que elegir entre los intereses de sus electores y el partido, ninguna duda; él, con los ceutíes. Tomen nota los García-Page y Robles, que especulan con el día después, pero no hacen lo que deberían para ahorrarle más daño al país. Como todos, pudieron comprobar en la comparecencia del Congreso que Sánchez miente como un bellaco, que ha perdido definitivamente el derecho a ser escuchado.
En 2021, con 10.000 invasores en Ceuta, el Gobierno sanchista aprobó un plan -nunca ejecutado- de “frontera inteligente” para, previas concesiones no explicadas a Marruecos, permitir en 2026 la violación de la integridad territorial con 80.000 asaltantes y terminar afirmando el pasado jueves en sede parlamentaria “habrá que reforzar la frontera”. ¿Izquierda-derecha? Quienes se tomen en serio en España la opción socialdemócrata tienen en el Partido Socialista su principal enemigo. Esta organización, atada irremediablemente a socios que vetan las políticas de Estado, es ya parte de un conglomerado de izquierdas residuales, las de “república y plurinacionalidad”, formado por bildutarras, independentistas y todas las variantes comunistas del mercado. ¡Intenta organizar la Seguridad Nacional de España con Otegi y Rufián!
¿Qué te ha hecho el comunismo?
En los mismos días en los que los ceutíes vieron destrozada su ciudad por una invasión consentida, en Europa, países con una indiscutible cultura democrática y humanista decidieron poner en marcha una política de “centros de deportación de inmigrantes ilegales”. ¿Son fascistas los gobiernos de Alemania o Dinamarca? Lo que intentan es salvar la viabilidad de un modelo social europeo en riesgo, en el que se invierte el 40% de todo el gasto social mundial, con solo el 6% de la población. Las izquierdas españolas son más de “puertas abiertas” y ahí se ha ubicado el PSOE, al calor del viejo folclore de las culturas comunistoides. Habló por todos la cantante Ana Belén cuando, no hace mucho, soltó esta perla: “Pero, ¿a ti qué te ha hecho el comunismo?”. Imagina que alguien dijera “Pero, ¿a ti qué te ha hecho el nazismo?”.
Ahora bien, conviene no despistarse. A estas izquierdas reactivadas con el sanchismo no les preocupa el franquismo o la extrema derecha, como dicen; van contra la España constitucional del 78, la que se manifestó masivamente el pasado miércoles. Las próximas elecciones no se decidirán en la disputa izquierda contra derecha, como desea el sanchismo, sino entre los partidarios de la Constitución y sus enemigos. En ese contexto, se explica la fuga de electores de las izquierdas. Recientemente el prestigioso Pew Research Center publicaba un estudio en el que demostraba que, con 27 indicadores de opinión, como la actitud ante la inmigración ilegal o ante las políticas de género, más del 60% de los electores escapan a la clasificación izquierda-derecha. Para Tezanos es más sencillo: en España, con las mediciones de toda la vida, un 43% sería de izquierda y un 23%, de derecha, según el último barómetro. Ya sabes, el PSOE siempre gana en sus quinielas.
Resultados desastrosos
Es obvio que España está en un momento de cambio político profundo, marcado por el fracaso incuestionable de un Gobierno apoyado por grupos comunistas e independentistas, por enemigos declarados de la España constitucional del 78. La abdicación democrática del Partido Socialista desde 2016 no le habrá salido gratis y ahora no tiene otro futuro que el de formar parte de las izquierdas residuales, como ocurre en Francia con el Nuevo Frente Popular. Solo logrará el Gobierno, si suma con ellos en coaliciones negativas, sobre las que el historiador -y socialdemócrata- Santos Juliá (Transición) ya anticipó resultados desastrosos para España. Obviando análisis de los equidistantes, que equiparan un pacto con Otegi a un pacto con Abascal, las tendencias electorales marcan un nuevo ecosistema político alejado del radicalismo -extremo contra extremo- que se está imponiendo en parte de Europa y más próximo a países con un mayor peso de la centralidad, como Polonia. Habrá que ver si Núñez Feijóo no fracasa en el Gobierno, como Macron, y le ahorra al país ese modelo de radicalización extrema.