Navarra, ética y política

EL CORREO 16/02/14
ALBERTO AYALA

· Propiciar unas elecciones anticipadas no supone avanzar los pactos del día después, más inciertos que nunca
· El nacionalismo vasco sueña con catar poder por primera vez, pero sin el PSN parece imposible Los socialistas podrían pactar con la Geroa Bai de Uxue Barcos e Izquierda o con UPN, nunca con Bildu

Lavarse la cara
¿Por qué el PSN se ha lanzado ahora contra el Gobierno de UPN y no antes? Primero, porque el escándalo de ver tirándose los trastos a la cabeza a las dos máximas responsables de la Hacienda fo-
La enésima crisis, el último de los escándalos que han sacudido esta legislatura a Navarra, si algo ha vuelto a poner de manifiesto es que, políticamente, no es una comunidad uniprovincial más. El destino del viejo reyno sigue siendo cuestión de Estado, asunto clave, tanto para unos como para otros.
La tormenta ha descargado esta vez porque la ex ‘número dos’ de la Hacienda foral Idoia Nieves ha denunciado por sorpresa presuntas injerencias de su jefa, la consejera del área y vicepresidenta del Gobierno foral, Lourdes Goicoechea. En quince días se pronunciará la comisión parlamentaria de investigación que se ha creado de inmediato, pero de entrada toda la oposición concede mayor verosimilitud a la acusadora que a la acusada.
El futuro del Gobierno foralista de Yolanda Barcina estaba y está en manos de los socialistas. Los mismos a los que la líder de UPN expulsó de su gabinete hace dos años acusándoles de deslealtad. Hasta ahora el partido que lidera Roberto Jiménez se había negado a mover ficha para hacer caer al Ejecutivo porque el PSN en solitario no es alternativa y porque las sumas no dan sin la izquierda abertzale, opción tabú.

Esta vez es diferente. Si la comisión parlamentaria da crédito a las denuncias contra la consejera –y hay muchos indicios para pensar que vaya a ser así– serán los socialistas quienes presenten una moción de censura. Como tienen nueve escaños y se precisan diez necesitarán que un diputado de otro grupo (previsiblemente de Izquierda-Ezkerra, o del Mixto) la rubrique. Su éxito está garantizado: la IU navarra y todo el espectro nacionalista la avalará con entusiasmo. ral, tenga la razón quien la tenga, termina de minar el poco crédito que pudiera quedar al gabinete de Barcina. Porque la inacción seguía hundiendo a los socialistas en las encuestas. Porque es la oportunidad de acceder dos meses al palacio foral para hacer campaña y lavarse la cara antes de afrontar unas eleccionse anticipadas el 25 de mayo. Y porque estos comicios coincidirán con las europeas a las que no concurre UPN, una dificultad para los navarristas toda vez que los suyos tendrán que hacer el esfuerzo de meter papeletas distintas en las dos urnas o votar en una a UPN y abstenerse en la otra.

Resulta del todo comprensible el enfado de Barcina ante la tesitura de verse desposeída de la presidencia foral. Sobre todo, si ocurre aunque Idoia Nieves no aporte pruebas concluyentes de sus durísimas imputaciones contra la consejera Goicoechea. Parece menos presentable acusar a los socialistas de aliarse con la izquierda abertzale porque previsiblemente vayan a coincidir en la reprobación. Muchos gobiernos de UPN y del PP coinciden todos los días en votaciones con la izquierda abertzale y hasta han pactado directamente algunas cuestiones con ella, y no se ha armado semejante marimorena. Aun así, todo dependerá de si Rubalcaba o el PSOE aguantan la fortísima presión a la que ya les están sometiendo UPN y el PP, con el presidente Rajoy al frente, y que irá en crescendo hasta mayo.

Castillos en el aire
Después de que los navarros se hayan quedado sin su caja de ahorros por una lamentable gestión solo atribuible a UPN, tras conocerse que algunos de los principales líderes políticos foralistas y del PSN percibieron dietas escandalosas de la misma entidad, legales pero del todo inmorales, y otros dislates no parece una frivolidad permitir que los navarros opinen en las urnas. Sobre estos hechos y sobre el resto, incluido, cómo no, el futuro político de Navarra.
Propiciar elecciones no supone prejuzgar futuros pactos postelectorales ni menos todavía entrar en estrategias de terroristas de armas caídas, como se ha llegado a decir. Y fundamentalmente por una razón: se podrán construir muchos castillos en el aire, los periodistas contribuiremos a ellos en nuestros análisis, pero hasta que no se cuenten los votos y se repartan los votos no se sabrá que alianzas suman y cuales no.
Entra dentro de toda lógica que el nacionalismo vasco, que nunca ha catado poder en Navarra (solo EA llegó a tener un consejero durante nueve meses en 1995), sueñe con que esta vez cambien las cosas a rebufo del desgaste de navarristas y socialistas. Pero o mucho yerran los sondeos o esas aspiraciones seguirán dependiendo del PSN.
Es altamente probable que una eventual alianza UPN-PSN no sume esta vez mayoría absoluta. Una alianza que, en cualquier caso, solo sería posible si Barcina y Jiménez no fueran los candidatos, ya que su animadversión es absoluta. Pero aún parece más seguro que no la alcance una entente de las dos grandes fuerzas nacionalistas, EH Bildu (ya con Aralar en su seno) y la Geroa Bai de Uxue Barkos y el PNV, ni con el añadido de IzquierdaEzkerra.

Los socialistas no ocultan que podrían contemplar un pacto con la coalición de Barkos y la versión navarra de IU, siempre que lo lideren ellos y aunque resulta también muy improbable que llegue a sumar mayoría. Lo que con seguridad no se producirá es un acuerdo entre el PSN y la izquierda abertzale por mucho que estén ya agitando el espantajo para impedir la mocion de censura UPN o el PP de Madrid. Primero, por convicción del socialismo navarro y, además, porque Ferraz no lo toleraría.
Los dos grandes partidos de ámbito estatal siguen de acuerdo en mantener el actual ‘estatus quo’ de Navarra, en sintonía por cierto con los habitantes de la comunidad foral, según se ha comprobado elección tras elección durante 35 años. Es el mejor freno, opinan, al proyecto de construcción nacional del nacionalismo vasco.