¡Navarro gana!

EL MUNDO 18/11/13
SANTIAGO GONZÁLEZ

Confirmado: el PSC es el partido que más se parece al partido que más se parece a España. Ayer, en su Consell Nacional, Pere Navarro obtuvo la primera victoria política que uno le conoce desde que es primer secretari del Partit dels Socialistes de Catalunya.
El declive del PSC es constante y uniforme desde los 56 escaños que obtuvo en 1999. Perdió 10 en la legislatura siguiente, aunque se hizo con la Generalitat en compañía de otros. Bajó a 46 en 2003; a 37, en 2006; a 28 en 2010 y a 20 en 2012. Diez meses y medio después, el CEO (CIS catalán) preveía una pérdida de 4-5 escaños más.
Cuando los socialistas, en tiempos partido más votado de Cataluña, han pasado a ser tercera fuerza, con expectativas de ser quintos, el pobre Navarro tendrá que aguantar las críticas de todos. Esto te pasa por tanto derecho a decidir, le dirán en el PSOE y aun Carme Chacón, más de Olula que ninguna, mientras sus críticos nacionalistas (más nacionalistas si cabe, y en España siempre cabe) lo acusarán de no haber defendido el dret a decidir, mientras se preparan para romper la disciplina de voto en el Parlament el próximo 4 de diciembre. O sea, exactamente igual que el PSC de Navarro hizo al PSOE de Rubalcaba el 29 de octubre en el Congreso, al no votar la moción de UPyD contra la falacia del derecho a decidir. ¡Quién iba a decirnos que un hallazgo conceptual de Ibarretxe, leve aleteo de mariposa, iba a desencadenar 12 años más tarde esta tempestad en Cataluña!
Navarro también quiere el derecho a decidir, pero de acuerdo con Rajoy. En realidad, los nacionalistas del PSC y los otros también quieren lo mismo: votar el artículo 150.2 de la Constitución para poder convocar el referéndum. Invocar la Constitución para romper la razón de ser de la propia Constitución. No cabe en ningún esquema lógico.
El derecho a decidir es un concepto blandiblú, qué de malo hay en ello, muy a la medida de estas pasiones catalanas, tan otoñales y templadas. El PSC lo encarna muy bien, aunque no tanto como Xavier Trias, el alcalde convergente de Barcelona: «No soy independentista, pero si hay una consulta, votaré a favor», prueba evidente de lo mal que emplea la adversativa este ejemplar munícipe. En lugar de pero debió decir ergo, por consiguiente, muletilla que hizo célebre Felipe.
El nacionalismo, cuanto más insiste, más se parece a la España eterna, que es la de otros siglos. Esto acertó a verlo el gran José Bergamín, que eligió para sus últimos años la Euskal Herria de Herri Batasuna, el reducto de los últimos carlistas, la expresión más auténtica de la España decimonónica que a él tanto le gustaba. A los nacionalistas catalanes parece gustarles más la de principios del XVIII, más concretamente la anterior a 1714.
Pere ganó a sus críticos, clara, contundentemente, y ahora lo previsible es que todo siga igual, según lo escrito. Lo que aguarda al PSC y aun al PSOE en la vía elegida es un camino de perfección, de ascesis, que inevitablemente les va a conducir desde la pobreza hacia la nada.