Jon Juaristi-ABC

  • Si no podemos cambiar el país, cambiémosle el nombre. Por algo se empieza

Jakiunde es un organismo creado en 2007 por siete universidades públicas y privadas de la región vasconavarra de España y de la vascoaquitana de Francia, que tiene la función de asesorar en materia de cultura a las instituciones oficiales de ambas circunscripciones. Su denominación en español es Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras. Es difícil encontrarle una equivalencia en España –¿quizás el Instituto de España, o el Colegio Libre de Eméritos?–, si bien, en su ámbito territorial, Jakiunde tiene una influencia relativa menor que aquel y mayor que este. La misma palabra Jakiunde es un neologismo con difícil traducción. La más aproximada sería «reunión de saberes», algo más cercano al concepto de enciclopedia que al de academia. Pero, con los neologismos en vasco, mejor no andar buscándoles sentido literal, y menos si se trata de jerga administrativa.

Pues bien, en su último pleno de primavera, celebrado en Aránzazu el pasado 24 de abril, el centenar y pico de miembros actuales de Jakiunde ha recomendado a las administraciones públicas la adopción del término «Vasconia» para designar lo que hoy se conoce como País Vasco, Pays Basque, Basque Country, etcétera. Esta última es una designación moderna, surgida en el siglo XIX en Francia para promover el turismo de playa (la primera temporada de baños de la historia la inauguró Napoleón I en Biarritz, mes y medio después de los fusilamientos de la Moncloa). Vasconia, en cambio, procede de la Baja Antigüedad latina, y es un marbete dignificado por su uso en las ciencias, las artes y las letras desde la Edad Media. Incluso yo mismo estaría dispuesto a utilizarlo si lo de Jakiunde cunde. Recurro a veces a neologismos de mi cosecha –«Vascolandia», «Pintxolandia»–, por rechazo de la tendenciosidad que rezuman otros palabros creados o adulterados por el nacionalismo. Vasconia puede suscitar un consenso, algo que defendí en la introducción a mi ‘Historia mínima del País Vasco’ (2013) contra el parecer de la editorial, que se negó a titularla ‘Historia de Vasconia’, alegando que tenía que venderse también en América.

Pues más a mi favor, protesté (en vano). En Argentina, por ejemplo, se publica aún ‘La Vasconia’, el periódico que fundó en 1893 Francisco Grandmontagne. La panadería más importante de Ciudad de México se llama ‘La Vasconia’ (aunque también existen las llantas mejicanas Euzkadi). Para no hablar ya de ‘La Basconia’, una de las grandes siderurgias vizcaínas desde 1892, que llegó a tener 3.000 obreros. Las niñas de la ría de Bilbao, al saltar a la comba, cantaban: «Dicen que no tengo novio,/ y lo tengo bien bonito,/ que trabaja en La Basconia/ y se llama Manolito». Maketo seguro, el Manolito este, decían los del PNV del barrio. En fin, bien por Jakiunde. Más vale tarde y aunque decaiga Pintxolandia.