EDITORIAL-EL IMPARCIAL

Ante cada crisis a la que se enfrenta, el Gobierno demuestra su incompetencia más absoluta. Como ocurrió con la pandemia, con la tragedia mortal de Adamuz, con los devastadores incendios de cada verano, con el gran apagón, con las inundaciones de Valencia…reacciona tarde y mal. Con improvisación, sin rigor, con descoordinación entre Administraciones, incluso entre los ministros. Sin ir más lejos, Margarita Robles defendía con razón que legalmente no se puede obligar a los pasajeros del crucero MV Hondias a someterse a una cuarentena, como pretendía Mónica García sin tener la menor idea de que en España solo la Comunidad de Madrid dispone de un plan de actuación ante emergencias sanitarias cumpliendo así con la norma impuesta por la UE. Y, ahora, el Ejecutivo aprisa y corriendo ha encargado “un informe jurídico” que le permita poder imponer dichas cuarentenas. Lo prometió tras la crisis de la covid, pero, como tantas, era una mera promesa que debió quedarse olvidada en un cajón.

Y, así, el Gobierno actúa sin protocolos, ocultando la información y, eso sí, con soberbia y prepotencia. Pedro Sánchez nunca está ni se le espera. En el caso del hantavirus, Mónica García se ha limitado a abroncar al presidente de Canarias, a colgarle el teléfono e intentar imponer su criterio. Pero ha perdido el pulso. Pues al final se ha decidido que el barco fondee en las aguas de Canarias, pero que no atraque en el puerto de Granadilla como pretendía la ministra.

Ante las crisis, sanitarias o no, la propia crisis interna del Gobierno impide gestionarlas con un mínimo de rigor. La ministra de Sanidad es conocida por su sectarismo y su nula capacidad de gestión. Habla mucho, insulta más, pero no hace nada. Y es incapaz de ponerse de acuerdo con las Comunidades afectadas, en especial si están gobernadas por el PP. El presidente de Canarias, Fernando Clavijo se quejó de que ningún miembro del Gobierno se había puesto en contacto con él. Y es que, la ministra es el mejor ejemplo de esa incompetencia absoluta del Gobierno, de los continuos fracasos y despropósitos que comete ante cualquier crisis.