NUDILLOS

ABC-IGNACIO CAMACHO

Sánchez nunca tendrá a Iglesias en actitud más genuflexa. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, se entrega

CONTRA la lógica a menudo falible de las apariencias, las elecciones del domingo han situado a Sánchez en las mejores circunstancias para acceder a la súplica de Pablo Iglesias. Nunca lo tendrá en actitud más dócil ni en posición más genuflexa, tan dispuesto a dejarse apretar las tuercas aunque acaso haya perdido tras el batacazo la oportunidad de recabar para sí mismo una cartera. La entrada en el Gabinete, siquiera mediante persona interpuesta, es ya para el líder de Podemos un asunto de mera supervivencia, mientras que para el presidente se trataría apenas de un guiño poco trascendente a su izquierda, una forma de garantizarse sumisión a cambio de la cesión en alquiler de una pequeña parcela. No tanto por tener, como decía Lyndon Johnson con rudeza, al indio dentro de la tienda meando para afuera, sino por aprovechar la ocasión de neutralizarlo por el procedimiento de resolverle su mayor problema.

A principios de siglo, cuando el entonces portavoz de IU en Andalucía, Antonio Romero, reclamaba un sitio en el Gobierno de Manuel Chaves, éste se burló de sus pretensiones en un debate. «Se le van a romper los nudillos de tanto llamar a la puerta», le dijo con sonrisa de vinagre. El acuerdo lo acabó firmando Griñán doce años más tarde: dio tres consejerías a los comunistas y con mano suave los convirtió en socios obsequiosos y leales. Iglesias sabe que sin poder tangible no irá a ninguna parte y no siente el menor reparo en aporrear el portón de La Moncloa de un modo sonrojante; debe de tener sus puños chorreando sangre. Más que pedir, mendiga; más que ofrecerse, le entrega a Sánchez una capitulación en regla que puede proporcionarle la base barata de un mandato estable.

Aceptar ese apoyo supondría para el presidente asegurarse durante toda la legislatura el respaldo de 165 diputados. Aún le faltarían otros once y en cada ley o decreto tendría que buscarlos, pero no es lo mismo que negociar los 53 necesarios si opta por gobernar con sus 123 escaños. Claro que podría tenderle la mano a Ciudadanos pero ese trato moderado y razonable está mutuamente descartado debido a diferencias esenciales sobre el proyecto político, el conflicto catalán y el modelo de Estado.

Así que por su propia debilidad, este Podemos en saldo, necesitado de rescate, es para él un aliado perfecto y el que probablemente acabe escogiendo: el único que promete colaboración incondicional a cambio de un par, incluso de un solo Ministerio. Tal vez en los próximos días salte también la posibilidad de incorporar a un tercero: en el PNV puede abrirse el debate sobre una hipotética solicitud de entrada en el Gobierno para ocupar algún departamento estratégico como Industria o Fomento. Al final, las coaliciones políticas se rigen por los mismos principios de la economía y del comercio: la relación entre oferta y demanda o el beneficio como diferencia entre coste y precio.