Tonia Etxarri-El Correo

Es el mejor. El que más ha hecho por este país. Así empezó Pedro Sánchez su campaña electoral ayer cuando anunció que adelantaba la convocatoria de las elecciones, muy a su pesar.

Tampoco ha conseguido agotar, esta vez, la legislatura. Como le ocurrió en 2018 cuando se presentó como el antídoto contra la corrupción y en 2023 como el adalid del antifascismo. Vaya por Dios. Ahora, con lo protegido que se sentía él en La Moncloa defendiéndose, contraatacando a los jueces, en medio de la maraña judicial inextricable sobre corrupción que le envuelve desde hace tiempo, su plan ha resultado truncado.

Ni mención a Ceuta en su comparecencia. Ese borrón que llevará en su historial, tal como le recriminó una periodista de la BBC en una entrevista. Y aferrado a la vivienda. Lo va a intentar. A ver si tiene la misma suerte que el alcalde de New York, Mamdani, que ganó en las urnas con la vivienda como estandarte. Y aunque no gane, que pueda volver a sumar alianzas para seguir gobernando. En 2023, las urnas no decidieron apostar por un Gobierno progresista. Ganó Feijóo. Pero ayer Sánchez insistió en esa falsedad. Fueron los pactos fraguados, entre otros, con Junts a cambio de la amnistía, los que le encumbraron a La Moncloa. Pero esa mayoría se ha ido diluyendo hasta dejar de existir. La prueba está en que ha sido incapaz de aprobar los Presupuestos desde hace tres años.

¿El detonante de su decisión de adelantar las elecciones al 29 de noviembre? La derrota parlamentaria que sufrió el viernes con los dos decretos de vivienda improvisados que él ya sabía, Zapatero mediante, que no podían prosperar por la resistencia de Junts. Quiere aprovechar su fracaso en el Congreso para espolear a la izquierda desmovilizada que, tras el desahucio (el de Maricarmen, porque nadie había movido una ceja por los otros desalojos) está calentando la calle.

Será difícil explicar a los votantes de qué han servido sus ocho años de Gobierno si no ha sido capaz de encauzar el problema de la vivienda. Pero ahí está él. Frente a genocidas y tiranos. Frente a las élites y ‘buitres’, envuelto en la capa del populismo más forzado. Presumiendo de ser un referente mundial de paz, feminismo y prosperidad. ¿Feminismo? De nuevo se olvidó de Ceuta, donde las mujeres acosadas y las niñas violadas en esa ciudad autónoma española han echado de menos la empatía de las ministras del gobierno y sus aliadas.

Si el Gobierno lleva hoy al Consejo de Ministros los dos decretos de vivienda que fueron tumbados en el Congreso para que los apruebe la Diputación Permanente, ¿estaremos ante un fraude de ley? No se trata de las normas tumbadas por el PP, Vox, Junts y UPN. Se trata de los decretos que rechazó la mayoría del Congreso. ¿El mismo Parlamento que tumba los decretos en pleno los salva, luego, en ‘petit comité’, en el órgano que le sustituye con las Cortes disueltas?

Un papelón para el PNV, en su búsqueda del equilibrio entre la protección de los vulnerables y la defensa del pequeño propietario, que ha provocado debate interno.

Pedro Sánchez ha convocado a las urnas cuando PP y Vox suman más de 200 escaños en los sondeos que sitúan a la izquierda bajo mínimos. La campaña será muy dura. O él o el cabo del miedo. O él o las tinieblas. Pero el descontento social está ahí. La derecha cometería un error si lo menosprecia.