Luis Haranburu Altuna-El Correo
- Al igual que en Cataluña, la inmersión lingüística explica el fracaso del sistema educativo basado en la ideología nacionalista
Un elefante es vistoso tanto por su tamaño como por su especial fisonomía, pero a veces pasa desapercibido, debido a la nula voluntad de discernirlo. Algo de esto parece haber ocurrido con los resultados de PISA del presente año. Se han señalado diversas causas del desplome del sistema educativo vasco que comparte con otros países, tales como el abuso de las pantallas, el abandono de la excelencia, así como las modas pedagógicas que han subvertido los hábitos educativos de la docencia ilustrada. Sin embargo, todas estas fallas que nuestro sistema educativo comparte no acaban de explicar el derrumbe histórico de la educación vasca.
Las autoridades docentes han apelado a la autocritica y a la necesidad de cambiar lo que no funciona. Los sindicatos abertzales, por su parte, han señalado la necesidad de más financiación (?). Pero ni las autoridades políticas ni los sindicatos han señalado la evidente presencia del elefante que distorsiona los resultados evidenciados por PISA. El elefante atiende al nombre de ‘inmersión lingüística’, que, al igual que en Cataluña, explica el fracaso del sistema educativo inspirado en la ideología nacionalista. Ningún principio pedagógico, salvo la querencia ideológica, avala la inmersión forzosa en el inicio del recorrido formativo en un idioma ajeno al materno. Todas las instituciones internacionales que entienden sobre el ámbito educativo recomiendan el uso de la lengua materna en el aprendizaje escolar.
Cataluña ha hecho trampas con el objeto de ocultar su penosa realidad docente y por ello ha sido excluida del último Informe PISA. Euskadi ha menguado el número de centros docentes y el número de los alumnos a fin de paliar la cruda realidad que ya anteriores informes de PISA habían puesto de relieve. Aun así, los datos son incuestionables y denotan la caída de nuestro sistema educativo, pese a las añagazas en el muestrario docente. Nuestro lehendakari ha apelado a la autocrítica, pero también a la autoestima para que no cunda el pánico. ¿Autoestima o soberbia?
Expertos docentes como Ricardo Arana, entre otros, han expuesto en sede parlamentaria y en los medios la opacidad de la política informativa del Gobierno vasco, así como su pertinaz empeño en negar la evidencia del fracaso de las políticas de inmersión lingüística, pero tanto las autoridades docentes como los sindicatos nacionalistas han ninguneado las críticas y las evidencias empíricas. La apuesta por la inmersión lingüística es una apuesta ideológica del nacionalismo vasco. Poco importan las vidas truncadas de muchos alumnos que ven cerradas las puertas del ascensor social que la educación debería proporcionar. ¿A quién le importan los fracasos educativos sacrificados en el altar del empeño identitario? ¿A quién la merma de nuestro capital humano? El euskera ha suplido a la raza de Sabino Arana en el apuntalamiento de la identidad abertzale. El problema es que la racialización del euskera puede conllevar su colapso.
El sistema educativo vasco es históricamente deudor de la filosofía docente catalana, cuyas fallas y excesos han quedado al descubierto en la investigación promovida por la Societat Civil Catalana. El informe pone en evidencia que el nacionalismo catalán ha marcado de manera sectaria y excluyente la realidad social de Cataluña mediante sus políticas docentes. A lo largo de las quinientas páginas de dicho informe se exponen los funestos efectos de la imposición de las políticas de inmersión. Cabe destacar algunas conclusiones técnicas:
-El menor rendimiento académico de los alumnos hispanoparlantes nativos respecto a los catalanohablantes.
-El sistema educativo amplifica las diferencias de resultados entre hispanohablantes y catalanohablantes.
-Menores expectativas universitarias de los alumnos castellanohablantes.
-Los perjuicios sufridos durante la enseñanza obligatoria se extienden a la vida adulta.
Mucho me temo que las consecuencias a corto y medio plazo detectadas por el mencionado informe sean aplicables al sistema educativo vasco. Los euskaldunes de cuna parten con una ventaja estructural en comparación a los que tienen otra lengua materna.
Hace cincuenta años publiqué, en la revista ‘Triunfo’, varios artículos denunciando la injusticia y el despropósito del franquismo al negarnos a los vascos el derecho fundamental a ser educados en nuestra lengua materna. Medio siglo después, observo que una mayoría de niños y niñas vascas se ven sometidos a la misma injusticia que denunciábamos del franquismo. Es penoso constatar que nuestra deriva desde la democracia formal a la etnocracia se acentúa. Los vascos anteponemos la ideología abertzale al derecho y al sentido común. Así nos va.