Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • En el caso de los trenes sospecho que acabarán exigiéndose responsabilidades penales. Ha ocurrido un gravísimo fallo de mantenimiento y, en última instancia, ese mantenimiento es responsabilidad del Ministerio de Transportes, vía Adif

Me pregunto si habrá una sola persona en España a la que haya sorprendido la conclusión de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) de que la causa del accidente de Adamuz fue «la existencia de una rotura de carril». ¿Se acuerdan ustedes del activismo espectacular de Óscar Puente en las horas posteriores a la tragedia? Hasta llegó a decir que el accidente era incomprensible porque el mantenimiento de la vía era perfecto. Pues ya sabemos de qué perfección estamos hablando. El carril llevaba roto 22 horas y no había sonado ninguna alarma. Eso se llama jugar con nuestras vidas. Y 46 personas la perdieron.

Ya es casualidad que la CIAF haya hecho pública su conclusión precisamente en el día en que se cumple un año del «cero eléctrico», el gran apagón. Decíamos ayer que en España nunca pasa nada porque no dimite nadie. Y efectivamente no ha dimitido nadie por el apagón y tampoco ha dimitido nadie por los 46 muertos de Adamuz. ¿Qué tiene que ocurrir para que alguien asuma responsabilidades políticas? Porque en el caso de los trenes sospecho que acabarán exigiéndose responsabilidades penales. Ha ocurrido un gravísimo fallo de mantenimiento y, en última instancia, ese mantenimiento es responsabilidad del Ministerio de Transportes, vía Adif.

Pero, además, las responsabilidades políticas son de la máxima gravedad por el destrozo que se ha hecho de la imagen de España y sus trenes. Tengo contado el día en que mi amigo Vernon Walters me pidió que le acompañase en el AVE Madrid-Sevilla para conocer ese tren. Dick Walters fue cuatro años director adjunto de la CIA con cuatro directores diferentes –el último George Bush– y era un apasionado de los ferrocarriles y el servicio de Metro. Se vino desde Florida para conocer ese tren. Hemos pasado de eso a que yo me voy mañana a Málaga con mi mujer y aunque precisamente mañana se restablece el AVE a esa ciudad, me niego a ir en tren y he optado por el avión, aunque sea mucho más caro.

Ver ayer las imágenes del interior del Iryo en el momento del accidente te quitan las ganas de subirte a un tren para toda la vida. Con la cantidad de horas de tren que he hecho en mi vida y los deliciosos recuerdos que me traen los coche-cama Madrid-Santander.

Que no haya dimisiones ni por el apagón, ni por Adamuz es una muestra incontestable de la degeneración de nuestra democracia. Todos los días tenemos nuevas pruebas de esto. Pero estos dos casos son ejemplos incontestables de cómo estamos dejando de ser una democracia. En democracia se responde por las actuaciones. Y estos dos casos son responsabilidad directa de políticos que han demostrado su incompetencia. Desde el minuto en que Puente no ha presentado la dimisión ya, parece evidente que la democracia no va con él. Pero tampoco con todos los miembros de su grupo parlamentario y de quienes sostienen al Gobierno.

En esto consiste la polarización a la que nos ha llevado Pedro Sánchez con entusiasmo: en que los que le rodean sepan que su supervivencia política depende de la del propio Sánchez. Y que cuando no vales para otra cosa, fuera hace mucho frío y se pasa mucha hambre.