FÉLIX DE AZÚA-EL PAÍS

  • ¿Qué se puede hacer contra un dictador loco? ¿Arrodillarse? De momento eso es lo que está haciendo el mundo democrático. Las sanciones económicas son infantiles

Pero ¿y si resulta que se ha vuelto loco? Es conocido el caso de hombres de talento que a medida que ganan poder van desarrollando una psicopatía cada vez más destructiva. El modelo moderno es Napoleón: de una parte, un superdotado, pero de otra un enfermo mental que no podía dejar de trabajar ni un segundo, que no dormía y que iba rehaciendo el mundo a medida que invadía más países hasta coronarse emperador. Creo yo que Vladímir Putin, un tipo formado por la policía secreta soviética, espía en la siniestra Alemania Oriental, miembro de la KGB durante años y dueño en estos momentos de un continente, ha de ser difícil que no desarrolle la locura de Hitler. Las excusas que ha utilizado son ridículas: seguridad de fronteras (será para los pobrecitos que las tienen con Rusia), amenaza de la OTAN (ya se ve la fuerza que tiene ese carísimo mamotreto), conspiraciones de nazis y drogadictos ucranios (¡madre de Dios, parece Nicolás Maduro!).

Al igual que Hitler, Putin ha enloquecido tras constatar que no hay resistencia en el mundo que pueda limitar su poder. Paranoia, megalomanía, y la memoria de todo lo que supo, hizo y vio durante los años finales de la URSS con la experiencia de un agente de la represión y la tortura.