Pajaritos

ABC 29/08/16
LUIS VENTOSO

· ¿Qué político se atreve a contarles la verdad a los españoles?

ALGUNOS padres españoles son incapaces de imponerse a sus rapaces de diez años, que son quienes decretan en qué restaurante cena la familia en vacaciones (lo he observado flipado). Vivimos en una sociedad infantilizada y de piel de melocotón, donde se evita plantar cara y reconocer las verdades ásperas de la vida. Las responsabilidades personales se eluden en lo colectivo. Las realidades contables se ignoran con frivolidad (no llego a fin de mes, pero que no me falte un iPhone). Se exige que el Estado nos resuelva todos nuestros problemas, incluso los íntimos. Las penas del duelo y el desamor, que han acompañado al ser humano desde que huella la tierra, deben ser subsanadas con sedantes, que algunos galenos dispensan con discutible prodigalidad. En ese entorno social, donde las realidades ingratas no se soportan, los políticos españoles han comenzado a escamotear al público las verdades incómodas. Han hecho un cálculo electoral y han llegado a una conclusión terrible: si cuentas la cruda realidad, no rascarás pelota en las urnas, y más con el sesgado modelo televisivo que padecemos.

Cualquiera que charle en privado con un político de PP o PSOE que haya ostentado altos cargos escuchará la misma música: España y Europa están viviendo por encima de sus posibilidades; la sanidad pública, tal y cómo está organizada, es insostenible; el sistema de pensiones exigirá reformas muy drásticas y es dudoso que pueda mantenerse, porque hay solo dos trabajadores por pensionista (en Galicia el año pasado el poder adquisitivo de los jubilados superó al de los activos); por último, lo de Cataluña se ha dejado ir tan lejos que o se corta en seco ya, o en breve romperán España.

Un panorama así exige un discurso de sangre sudor y lágrimas. Pero no existe hoy en España un líder que esté dispuesto a asumirlo (los populistas incluso estafan al público con fábulas gaseosas). Rajoy se acercó a la verdad en los años críticos de su legislatura, cuando el país rondó la quiebra. Pero ante sus apremios para conservar el poder ha sucumbido también a la ligereza. Es incongruente que tras haber convertido la consolidación fiscal en su bandera, ayer se aviniese a firmar con Rivera un pacto que dispara el gasto social en 7.125 millones más cada año. Lo firma el político que en 2012 suprimió la paga extra de Navidad de los funcionarios para ahorrar 6.000 millones anuales, mil menos de los que va a costar comprar el «sí» de Rivera. Todo en un país al que la UE acaba de perdonar y de chiripa– una gravosa multa por ser incapaz de domeñar su déficit.

El compromiso con la verdad obligaría también a decirles a los españoles que el flamante acuerdo de ayer, las 150 medidas de Rivera, tiene el valor de los billetes del Monopoly mientras Sánchez no se apee del guindo. Y no lo hará, porque lo devoran el egotismo, el rencor y el sectarismo. De hecho, me temo que tras su enésimo gran «no» de hoy intentará el sarcasmo final: ser presidente con 85 diputados y coaligado con los comunistas y con los separatistas del golpe sedicioso. Nada raro en la España de los pajaritos, donde la verdad cotiza a la baja y el informador político de cabecera es… El Gran Wyoming.