Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • Sánchez todavía sueña con el milagro de una ´ley de nietos´ que le permita seguir en La Moncloa

No basta con que el PP y Vox ganen las elecciones generales a celebrarse en los próximos diez meses. Lo tienen que hacer alcanzando la cifra de 210 diputados, las tres quintas partes del Congreso de los Diputados, que les permitiría reformar la Constitución de 1978 para consolidar y reforzar la democracia de la Transición. La que Pedro Sánchez (y antes José Luis Rodríguez Zapatero) con sus aliados nacionalistas y de la extrema izquierda han destrozado a lo largo de sus últimos siete años en el poder.

Los ataques del TC

El cáncer sanchista no solo está inmerso en el Gobierno de la nación porque que sus metástasis varias se han infiltrado en las principales instituciones del Estado y amenazan con seguir produciendo desastres y arbitrariedades, como es el caso del Tribunal Constitucional de mayoría sanchista, incluso y a pesar de que se haya producido la alternancia en el poder.

Las últimas declaraciones del presidente del TC, Cándido Conde Pumpido, acusando al Tribunal Supremo, a propósito de la Ley de Amnistía, de haber hecho una ‘lectura extensiva y contraria al espíritu y finalidad de la Ley, al apreciar un beneficio personal de carácter patrimonial en la malversación del Procés’, constituyen una agresión y un infamia. Como la propia ‘autoley’ de amnistía en favor de los golpistas y con el solo objetivo de apoyar la investidura de Sánchez y su permanencia en el poder.

Un ataque del inefable Conde Pumpido al Tribunal Supremo que el TS debería de responder presentando ante la Justicia de la UE, en la defensa de la legalidad española, una nueva cuestión prejudicial que bloquee la actual aplicación de la amnistía y retrase el regreso de Carles Puigdemont a España. Pues bien, este Tribunal Constitucional, dominado por sanchistas -que anularon las sentencias condenatorias del TS sobre los ERE andaluces- solo puede volver a la normalidad institucional mediante su reforma en el texto constitucional, para convertir el TC en una nueva Sala ‘constitucional’ del Tribunal Supremo.

Los decretos de la Vivienda

Precisamente la posibilidad del bloqueo de la Ley de Amnistía en el TC con una nueva voltereta de Pumpido a toque de corneta, y con el retraso incluido del regreso a España de Puigdemont, es la amenaza a Junts con la que Sánchez espera conseguir el apoyo de los nacionalistas a sus dos decretos de Vivienda. Como lo reconoció Turull al decir que en las votaciones ‘hay mucho en juego’.

De parecida manera Sánchez amenaza a la extrema izquierda para que hoy voten los dos decretos de Vivienda en el Congreso porque, de lo contrario, se producirá un inmediato adelanto electoral, que destrozará a Sumar y a todos sus aliados. Un adelanto electoral con la excusa y el argumento de no haber presentado a tiempo los Presupuestos, y con la intención de liquidar a la extrema izquierda presentándose él, Sánchez, en la campaña electoral como el abanderado del desahucio de Maricarmen y de la vivienda social.

Unos decretos sobre la Vivienda como máximo para solo diez meses a la espera de las elecciones generales y de la llegada de la derecha al poder que los derogará. Con los que el Gobierno actual, preso de su ‘cacao’ mental que reconoce la ministra Isabel Rodríguez, pretenden: ‘intervenir’ el mercado de la Vivienda y atacar inconstitucionalmente el derecho sagrado a ‘la propiedad privada’ de los españoles. Y todo ello incluso a pesar de que, en el corto plazo, empeorará la crisis de vivienda porque los propietarios y los fondos no se moverán y esperarán a un cambio en el Gobierno.

Ahora bien, en esta trepidante situación política, es necesario que PP y sobre todo Vox no disparaten ni den alas electorales a Sánchez y PSOE. Los que hoy están presos de la corrupción (donde crecen los casos de las cloacas de Leyre Díez y de los negocios y las joyas de Zapatero), y las acampadas de ‘invasores’ respectivos en Ceuta y en la Puerta del Sol.

Putin amenaza a la OTAN

Muy mal debe de irle a Rusia la guerra de Ucrania -tras los ataques de Kiev a sus refinerías- y el creciente malestar entre su población donde causaron profundo malestar las informaciones relativas a un presunto plan de Putin para asesinar al ajedrecista Garry Kasparov, para que el presidente ruso le haya enviado una carta a la OTAN amenazándola con el uso de armamento nuclear si insisten en el ‘cerco a Kaliningrado’ del que nadie ha oído hablar.

La OTAN ha respondido con firmeza las amenazas de Putin, sin darle mucha credibilidad -a pesar de los continuos ataques híbridos de Moscú a países aliados- pero tomando buena nota de dicha virulencia verbal del amo del Kremlin. Porque en la Alianza Atlántica saben muy bien de que en el caso de un conflicto armado nuclear lo ganará el primero que apriete el botón de sus misiles. Por cierto, en la base española de Rota está desplegado el principal de los escudos antimisiles de los EE.UU. y la OTAN.

Vísperas electorales

Lo malo para los aliados es el liderazgo escaso y confuso hasta un alto nivel de incompetencia y nulo sentido común del presidente Donald Trump. El que sigue callado y complaciente con Putin, y que tiene como secretario de la Guerra al disparatado Pete Hegseth que ya ha fracasado en la guerra de Irán y que está desarbolando con inquina misógina y racista la cúpula militar de los EE.UU. La que ahora ha puesto punto y final a la presencia militar de USA en Irak después de dos guerras, en respuesta al ataque de Bin Laden a los EE.UU., que comenzaron en 2003 tras la declaración en las islas Azores de Georges Bush, Tony Blair y José María Aznar denunciando, los tres, que Sadam Hussein tenía armas químicas de destrucción masiva, lo que resultó ser absolutamente falso.

En fin, un país este de los Estados Unidos que ahora está a tan solo 32 días de las elecciones de ‘medio mandato’ del 3 de noviembre en las que se elegirán los 435 representantes de la Cámara y 35 miembros del Senado. Y en las que el Partido Republicano de Trump puede perder el control de una (probablemente la Cámara de los Representantes) o las dos instituciones parlamentarias americanas, lo que condicionaría los dos años que aún le quedan a Trump de mandato presidencial.

En todo caso, a los norteamericanos les queda dos años de presidencia megalómana y disparatada de Donald Trump, y a los españoles y como mucho nos quedan diez meses del enfermizo de poder Pedro Sánchez, que todavía sueña con el milagro de una amañada ley de nietos para continuar o incluso con un supremo disparate de Putin que le ofrezca un atisbo de continuidad.