José Alejandro Vara-Vozpópuli
- La línea dictada por el sultán de La Mareta es dinamitar al valeroso Vivas y besarle los pies de Mohamed
Hay un lugar en el infierno para los que empiezan su columna con una cita. Al ladito justo de García Montero, ¿cabe tortura mayor? “La ofensa más atroz que se le puede hacer a un ser humano es negarle que sufra”. Pavese. Uno tras otro, los miembros del Gobierno acuden a Ceuta, como una procesión de malvivientes, para hacerse la foto y burlarse de aquel dolor. Burlarse, sí, porque saben que su presencia es pura farsa. Palabrería despreciable, verborrea de tahúr. Alguno incurre en la mentira estrafalaria para sacudirse culpas o agradar a Bruselas. Albares, por ejemplo, prometió que devolvería a sus lugares de origen a los diez mil visitantes inesperados y también a los menas, de propina. Imposible tanto lo uno como lo otro. No hay resquicio legal por donde hincar el diente al estropicio. Y él lo sabe. Otros, como Robles, optaron por propiciar el flashazo sentimental y atendieron tres minutos los llantos de dos señoras desesperadas. También aguantó a pie firme los consabidos insultos, algo excepcional en la banda de Sánchez, que a la que escucha los improperios del populacho, huye encogidita y atemorizada como una María Antonieta de provincias.
Perversa Mónica
Mónica García, ejemplar primario de una raza de monstruos agresivos y desalmados (la pistolita del índice apuntando a un consejero de Ayuso, pum, pum), desbordó las lindes de lo despreciable durante su miniescala en el escenario del horror. Lejos de ofrecer consuelo, aunque fuera falso, y ayudas, que jamás llegarán, optó por insultar a los maltratados, por tachar de xenófobos a las víctimas, por despreciar las labores de los sanitarios, no hay colapso, no hay colapso, váyase a freir monas, señora, con ese rostro de quien poco más ha hecho en su vida que prodigar odio y animar rencores, se centró en bombardear con todo tipo de reproches al pobre presidente Vivas a quien acusó de no haber movido un dedo para atender a los alegres visitantes del sur, que, en versión de Médica y Madre, llegaron sanísimos y enfermaron según pusieron el pie en las playas de Ceuta. Se ha de haber nacido al menos tres veces para alcanzar semejante nivel de rastrera indignidad
Elma Saiz, la titular de migraciones, peoncillo de la mafieta navarrica de Cerdán en sus quisicosas de adjudicaciones truchas y mordidas de bellón, fue la encargada de dictar sentencia. veinte días después de la ocupación, Saiz se dignó aparecer por el lugar para anunciar que se instalarán cuatro o cinco carpas para que se aposenten al menos 1.500 de estos turistas sin pasaporte. Hasta ahora deambulaban como perros sin collar, perdidos por las calles de la villa sin horizonte, comida, ropa o colchón. El anuncio es la constatación de que Albares mintió, (bien lo sabía el engolado petimetre y lo sabía todo el mundo), de que los ocupantes se quedarán hasta que Sánchez los regularice o consigan una patera que los lleve de estranjis a Algeciras y, desde ahí, ancha es España y hasta Europa.
En lo más espeso y profundo del doloroso drama que ya supera los veinte días y sus veinte noches, Sánchez se regaló el lunes otra de sus sesiones de teletienda, los ministrillos en las pantallitas balbuceando naderías y el number One en alpargatas, poniendo caritas para el posado estival como una Anita Obregón de saldo. Un paripé absurdo y estéril, una escenita de teatrillo, en la que nada se anuncia, nada se explica, nada se comunica, nadie habla, o al menos no llega sonido alguno porque no hay audio que amenice la escena.
El fiable Mohamed
Envueltos en una desfachatez tumultuosa, algunos miembros del Gabinete se acercarán al Congreso a final de mes a deponer inciertas teorías sobre lo ocurrido el 30 de julio en la España del otro lado estrecho. Ni los más ingenuos esperan un gramito de verdad en los testimonios. La línea a seguir dictada por el gran sultán de La Mareta es apedrear al paciente Vivas, abofetear al PP por politizar la embestida y obviar al malvado Mohamed, ese vecino fiable, adorable, entrañable, al que tanto debemos, en especial el clan de los Pegasus. Quédate con la final del Mundial, moro mío.
El siguiente paso en la estrategia ya está dado. Óscar Puente es la avanzadilla. El objetivo ahora es la Corona. Por dos veces el titular de Transportes, 46 muertos en su conciencia que no tiene, ha lanzado venablos histriónicos contra el Rey. Por una foto de chiste. Este Puente dijo, cuando se publicó la instantánea de su puto amo con Aldama, que nadie es responsable de con quién se le hacen fotos y que hasta ahí podíamos llegar, que la gente se te arrima y que qué le vas a hacer. Ahora sepulta ese argumento y embiste contra el Jefe del Estado, habla de que está ‘indignado’ (expresión que utilizó Felipe VI tras la invasión) en forma tan abrupta y desconsiderada que apesta a estrategia meditada y a plan de largo alcance. No es un rebuzno espontáneo, una arcada más de este batracio negligente. Es un regüeldo meditado, un gesto que busca consecuencias. Es la avanzadilla de lo que se irá viendo a lo largo del curso electoral que arranca en septiembre. La única posibilidad de Sánchez para mantenerse en el poder es convertir las generales en un plebiscito sobre la monarquía. Toda la banda de ultraizquierda más los liliputienses periféricos enrolados en un frente republicano y plurinacional. Esta democracia cañí de Pedro y Begoña descubrió que ganar ya es lo de menos. Basta con sumar a todos los que han perdido. ¿No suena a perversión?
¿Y entonces lo de Ceuta? ¿A quién le importa? Al gran Narciso se la trae al fresco. Ahora está en otra, en la definitiva, en renovar un mandato más su colchón en Moncloa. En ganarle el pulso electoral al Rey. Lo nunca visto. Y para los ceutíes, el consejo de Pavese: “Esperar también es una ocupación. Lo terrible es no esperar nada”. (Y moverse algo, pasmaos)