EDITORIAL-El Imparcial
María Corina Machado, premio Nobel de la paz e incansable luchadora a favor de la paz y la democracia en su país, Venezuela, se encuentra de visita en España donde no será recibida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en marcado contraste con lo que ha ocurrido en otras democracias del entorno europeo. La opositora al régimen dictatorial venezolano se ha reunido con Macron en Francia, con Meloni en Italia o con Jetten en Países Bajos, durante su gira europea. Ya lo hizo con Donald Trump en EEUU. Pero a nadie le extraña el desdén presidencial por María Corina Machado a estas alturas. Ni siquiera hubo una felicitación oficial cuando le fue concedido el premio Nobel. El silencio del sanchismo sobre la situación de los derechos humanos en el régimen chavista resulta ya atronador, la connivencia con la satrapía de Caracas, escandalosa.
Nada simboliza mejor la desnortada política exterior de Sánchez que este desplante a Machado. Dispuesto a sobrevivir a cualquier precio, el presidente del Gobierno ha desplazado a España de la órbita de las democracias occidentales para adentrarse en terrenos pantanosos. En lo que parece una mala secuela de su antecesor Rodríguez Zapatero, dilecto del régimen venezolano, Sánchez ha desempolvado el viejo eslogan del ‘No a la guerra’ para enfrentarse con los EEUU y alinearse peligrosamente con regímenes autoritarios. Ahí están las felicitaciones de los ayatolás, los parabienes de Hamás, la utilización, por parte de la propaganda de la Guardia Revolucionaria iraní, del rostro del presidente en un misil preparado para atacar a Israel.
Recién llegado de China, el presidente se reúne ahora con los presidentes próximos al Grupo de Puebla. Y este acercamiento se produce después de que la postura sanchista en Oriente Próximo marginara a España de los foros de la OTAN, donde se llegó a conjeturar que Sánchez estaba buscando un “retiro dorado”, después del agasajo que brindó a los líderes de la Alianza Atlántica en Madrid, hace apenas cuatro años. O de los foros de decisión europeos, donde los mentideros también especulaban que el presidente estaría buscando una salida en caso de ser descabalgado de la Moncloa.
Pero marginado ya en Europa y el Occidente democrático, con los casos de corrupción pisándole los talones, con el banquillo de los acusados más cerca de su hipotético futuro político, el presidente se ha acercado a los BRICS, un eje de intereses en el que prima la visión de China y Rusia.
Haciendo gala de un mesianismo que recuerda al de Fidel Castro, cuando aseveró que sólo la historia podrá juzgarle, Sánchez suele pintarse a sí mismo en “el lado correcto de la historia”. Lo cierto es que ya ha puesto un pie en el lado más turbio y con él ha arrastrado a la nación española. Por eso, es necesario resaltar lo que debería ser obvio: España tiene que estar al lado de Venezuela y de su pueblo, al lado de María Corina Machado, de las libertades y de las democracias.