Pedro Chacón-El Correo

  • El futuro descansa en las generaciones que vienen, las que están ahora en edad escolar y les daos unas herramientas tan ineficaces que no les permiten entender un texto un poco más largo que un tuit

Si el modelo educativo de una comunidad autónoma como la vasca, que es la que más invierte en educación, presenta unos resultados como los del último informe PISA, no pobres sino paupérrimos, a la cola del resto de comunidades españolas, y así viene siendo desde años atrás, lo que hay que plantearse no es ya la viabilidad de ese sistema educativo, como hace la consejera del ramo, reuniéndose con las instancias afectadas. Lo que hay que plantearse de una vez es la viabilidad del modelo nacionalista de vida, que deja en el aire el futuro que puede esperarle a esta comunidad.

Porque el futuro descansa en las generaciones que vienen, las que están ahora en edad escolar. Y si les estamos ofreciendo unas herramientas tan ineficaces que no les permiten ni siquiera entender un texto un poco más largo que un tuit, entonces es que el panorama que les aguarda es quedarse al pairo de otras comunidades más avanzadas y que les den sopa con honda en todas las facetas de la vida. Si a eso le unimos nuestros índices de absentismo y de conflictividad laborales, en este caso a la cabeza de España, pues ya tenemos completo el panorama.

El nacionalismo vasco, como ideología y como práctica, no ha traído el bienestar ni la felicidad al País Vasco. En sus dos corrientes, tanto la radical como la moderada, le viene ofreciendo a la población un futuro basado en la panacea de la independencia y le ha querido dar, para ello, un medio diferenciador, como es la generalización del idioma autóctono vasco. Pero ni el fin ni el medio resultan ni eficaces, ni atractivos, ni siquiera necesarios. ¿De verdad que va en serio lo de la independencia? ¿Independientes de qué o de quién? Si luego estamos todo el rato yendo del Ebro para abajo por mil tareas y por mil alicientes que aquí no hay, de todo tipo, tanto laborales como, sobre todo, en lo que más nos hace disfrutar de la vida: vacaciones y ocio en general. ¿Y hablando en euskera? Si estamos viendo cómo en cincuenta años, con todos los medios a favor de una lengua unificada -que nunca nadie habló así-, no se ha sido capaz de crear, ni siquiera por los propios nacionalistas, una comunidad de hablantes autosostenida que sirva de referencia.

Ya vale de victimismos y de manías persecutorias. Hay que rescatar la historia vasca verdadera con las miserias de todos incluidas, las de unos y las de otros. Y llevarla a la escuela. Porque esa historia lo que nos enseña es que aquí nunca hubo un pueblo vasco como tal que actuara por sí mismo. No había conciencia generalizada de eso. Porque son mayoría absoluta los vestigios históricos, literarios, arquitectónicos, religiosos, artísticos y políticos que nos dicen, para cualquiera que conozca un poco el país, que nunca hubo un pueblo vasco que fuera protagonista de nada en exclusiva, como dicen los nacionalistas que fue. Ya vale con la quimera.