Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Se desactiva la orden de detención contra Carles Puigdemont en España

El Constitucional aprobó ayer la sentencia que incluye definitivamente la malversación en el paquete de la ley de amnistía y el juez Llarena, veloz como el rayo, desactivó la orden de busca, captura y detención contra Puigdemont. Casi nueve años después de la fuga que dio inicio a la saga del president en el exilio, Puigdemont puede regresar a España. O sea, a Cataluña. Cierto que ya lo hizo en 2024, cuando apareció visiblemente nervioso en Barcelona, dio un discurso atropellado y huyó en un coche que no pudo ser interceptado por los Mossos, al resultar estos neutralizados por lo que ellos mismos llamaron una «fase semafórica». No parece, sin embargo, que el expresident tenga planes de volver de inmediato y reclamar su lugar en Cataluña. Y mira que Jordi Turull adelantó ayer cómo debe ser el regreso: con honores. El abogado Boye dijo en cambio que el regreso se dará cuando la amnistía se aplique en su totalidad. Boye también celebró el éxito de su estrategia jurídica, que en lo tocante a la amnistía ha sido sin duda eficaz, aunque tampoco resultará habitual que un abogado pueda redactar personalmente la ley que va a aplicarse a su cliente.

El expresident hizo por la tarde una declaración en Waterloo confirmando que es un hombre abandonado por la épica, algo comprensible tras nueve años de climatología belga y cenas tempranas a base de ‘moules et frites’. Que el exilio ha terminado transformándose para él en una especie de destino profesional aburridísimo lo demuestra el hecho de que ayer avisase a la prensa de que Toni Comin estaba en un atasco y no terminaba de llegar. Puigdemont fue breve y previsible, aunque duro con el presidente… Aznar. «Hasta aquí ha llegado la orden dada por el señor Aznar de que el que pueda hacer que haga». El interés no estaba en Aznar sino en asuntos algo más actuales, como la relación de Junts y el PSOE tras el portazo a los decretos de vivienda o la siempre complicada relación con Junqueras, que ayer se apresuró a atribuirle a Esquerra el mérito de la ley de la amnistía. Sea cuando sea, la vuelta de Puigdemont a Cataluña tendrá peso político y se transforma en una especie de bala de plata a utilizar por Junts.

Pedro Sánchez informó ayer de que ahora que todo el pescado ha sido vendido no tiene interés en reunirse con el expresident, al que puede que le gustase volver a llamar «prófugo de la Justicia». Pues ya no lo es. Del mediador salvadoreño Francisco Galindo Vélez no se acuerda nadie y tampoco lo estará pasando bien. Tantas horas mediando para terminar al final con este ambiente tan malo.

Vivienda

Momentos ejemplares

Pedro Sánchez insistió ayer en la idea estrictamente populista: el Parlamento le dio la espalda a la ciudadanía al no aprobarle a él los decretos de vivienda ya históricos. Así que ahora él -cuatro años sin Presupuestos- moviliza diez mil millones para financiar préstamos de vivienda a través de nuevos decretos, aprovechando que las Cámaras están disueltas y todo es precampaña electoral. «Esta no es la manera más adecuada de funcionar de un Poder Legislativo en un Estado democrático», comenzó la portavoz del PNV su intervención el pasado viernes cuando el mataleón aún se lo estaban haciendo en el hemiciclo y no en la Diputación Permanente. «Con toda probabilidad, esto se analizará en las facultades de Derecho como ejemplo de lo que no se puede hacer». Otra cosa que igual no se puede hacer es utilizar personas que sufren un desahucio como fenómenos, no ya de feria, sino de campaña. Ayer a Marga Prohens le llevaron al Parlament balear a Pilar López, desahuciada en Palma, para someterla al momento moralizante: «Mírela». No se explica tanto porque a Pilar López la hubiesen echado de su casa como porque Marga Prohens es del PP. Las comunidades tienen amplias competencias en vivienda, pero, por lo que vamos viendo, solo los presidentes populares merecen ser responsabilizados de los desahucios. Los que se dan, pongamos por caso, en Barcelona, o ayer mismo en Bilbao, no tienen por alguna razón tanto que ver con el sufrimiento de la gente, que es insoportable para el Gobierno desde hace aproximadamente una semana.