Tonia Etxarri-El Correo
El primer paso ya está dado. El PNV, en el último tiempo del partido y cuando ya está preparando su precampaña para las municipales y forales del año que viene, ha querido marcar distancias con el gobierno de Sánchez dando por amortizada esta legislatura. Al decir Aitor Esteban que sería irresponsable alargar esta agonía le envía un recado directo al presidente cercado por tantos casos de corrupción pero, estando en su mano forzar la convocatoria de elecciones generales a través de una moción de censura, los nacionalistas vascos se han quedado parados en la casilla de la advertencia. Aquí no vale todo. Una sentencia que recuerda a la que pronunció el portavoz de CIU en el Congreso, López de Lerma, en el 93: «Esto no puede seguir así», cuando, en plena resaca de la tormenta por el ‘caso Filesa’, Pujol dejó de apoyar al Gobierno de Felipe González y ambos decidieron convocar por adelantado las elecciones generales.
No parece que estemos en pareja situación porque los protagonistas actuales tienen otras servidumbres. El tono dramático empleado por Esteban este pasado domingo ante 2.500 afiliados reflejaba la incomodidad en la que se ha ido sumiendo el PNV al seguir apoyando a Sánchez, a pesar de Ábalos, Koldo y Cerdán. «¡Ya van nueve casos abiertos!», clamaba escandalizado por tanto escándalo judicial. Y ahora que la única referencia histórica que le quedaba al PSOE , el imputado Zapatero, se tambalea, el PNV no quiere unir su destino a la agonía de los sanchistas cuando se van fundiendo las últimas luces de la legislatura. Pero hasta aquí pueden leer.
Hace ocho años, el PNV fue de los primeros que cambió de carril cuando apoyó a Pedro Sánchez en su moción de censura contra Rajoy, basándose en una sentencia sobre ‘Gürtel’ que contenía un añadido del juez Ricardo de Prada sobre la presunta ‘caja B’ del PP que le acabó costando una recusación por «alusiones excesivas» en el Tribunal Supremo. Y el PNV dejó en la estacada al presidente popular días después de haber apoyado sus Presupuestos.
Ahora, ante esos nueve casos abiertos a los que aludía Esteban, difícilmente se justificaba su falta de reacción y su apoyo a La Moncloa. El caso es que el PNV, desde que optó por el relevo del lehendakari Urkullu, actúa con miedo escénico. Ante la incertidumbre de que su apoyo a un presidente acorralado por la Justicia acabe contaminando sus siglas. Ante la pérdida de votos. Y ante la posibilidad de que Bildu termine por hacerle el ‘sorpasso’.
Lo cierto es que el PNV necesita a Sánchez. Por la negociación de las transferencias pendientes y porque gobierna con los socialistas vascos en Ajuria Enea. Por lo tanto, no serán ellos quienes encabecen una moción de censura, tal como se atrevió a pedirles el exportavoz Anasagasti.
A no ser que Junts, que no las tiene todas consigo con las perspectivas de ascenso de Aliança Catalana, dé un paso adelante y corte el nudo gordiano. Con una moción instrumental a fin de convocar urgentemente elecciones generales. Si esto no ocurre, ¿qué piensa hacer el PNV, aparte de mantener las apariencias? Si es irresponsable alargar esta legislatura, ¿cómo se debe llamar a quienes acompañan al irresponsable?