Ignacia De Pano-Vozpópuli
- En estos días se han sucedido todos los clichés posibles en una trama cutre y eficaz dedicada al enriquecimiento desorejado
A Zapatero le está pasando lo que a la mayoría de asesinos en serie cuando sus vecinos son abordados en el portal del edificio por algún joven reportero y tienen que dar sus primeras impresiones sobre el delincuente recién pillado. Pues a mí me parecía encantador, una persona muy educada que siempre saludaba en el ascensor, contestan casi todos. No puede ser que un señor de aspecto tan pulcro y amable haya podido hacer todo eso que se está diciendo, continúan, para rematar la defensa vecinal con el argumento definitivo de inocencia, el irrebatible ¡Yo conozco a su familia y es todo gente buenísima, imposible que sea verdad!.
Pues al presidente buenísimo y completamente desasido de los bienes de este mundo le han pillado con el carrito del helado. En estos días se han sucedido todos los clichés posibles en una trama cutre y eficaz dedicada al enriquecimiento desorejado del culpable directo del reavivamiento de las heridas ya cerradas de la guerra civil y responsable último de la más nefasta gestión económica que ha sufrido el país en el último siglo y lo que llevamos de éste.
No nos falta ningún arquetipo propio del género, ni la secretaria entregada en vida a su jefe como una nueva ama de llaves de Rebeca, ni el “amigo” con nombre en diminutivo, el gran Julito, titular de las sociedades interpuestas a modo de red de autopistas para el tránsito fluido de dinero hacia las cuentas del líder de la trama, ni las mariscadas de los empresarios corruptores celebrando el rescate de su empresa quebrada a cargo de todos los españoles. Tampoco nos falta el botín del pirata, la caja fuerte que el abogado de Zapatero no quiso abrir y que apareció llena de joyas que de ser buenas son inexplicables, por factura y valor de las piedras que las componen, para lo que una familia burguesa española puede justificar de forma honrada. La suma sacerdotisa de la Puerta del templo de Zapatero, más conocida como Gertru, alegó que formaban parte de la herencia familiar de Sonsoles Espinosa.
No seré yo quien lo discuta, pero una breve consulta al origen familiar de la mujer del expresidente nos la presenta como hija de un militar, oficial de intendencia, de León. No parece que en ese muy digno contexto profesional sea lo normal poseer piezas de joyería que se podrían prestar tranquilamente a la reina de Inglaterra para su adorno personal en una cena de Estado. No siendo nosotros los jueces, lo prudente es combinar el respeto a la presunción de inocencia, o a lo que puede probarse como delito, con una saludable utilización del principio filosófico conocido como la navaja de Ockam que consiste en que cuando varias explicaciones funcionan igual de bien para un fenómeno, debe preferirse la más sencilla.
La explicación más sencilla
Esas joyas desmesuradas descubiertas en el contexto de un enriquecimiento sin justificar, de infomes orales mágicamente maquetados por dos señoras mayores hijas de la presunta heredera a las que los vecinos a los que Zapatero siempre saludaba en el ascensor se empecinan en definir como “niñas”, de hipotecas altísimas canceladas en ochos meses, de reuniones en el Pardo con teléfonos desechables, de viajes previstos a Venezuela curiosamente el mismo día del Registro de sus oficinas y de maletas descargadas de madrugada en aeropuertos de las que seguimos sin saber su destino se explican mejor como señales de presunta actividad delictiva que por la generosidad de una posible tía que se dedicó a hacerse con un joyero como el de Máxima de Holanda a la chita callando. La explicación más sencilla para esta fotografía de los tejemanejes de Zapatero no es la actividad legal, sino la delictiva.
Ahórrese las homilías laicas
Siendo imperdonable la corrupción sistémica de la que provenía esta riqueza sobrevenida y que no hubiera podido producirse sin la colaboración necesaria de un gobierno que tomó decisiones injustas a sabiendas, lo peor es la superioridad moral con la que este sujeto ha estado martilleándonos los oídos durante la última década mientras nosotros pagábamos los rescates desviados que tan buenos réditos le proporcionaban. Los insufribles discursos, la sonrisa hueca, esas cursilerías insoportables de que la tierra solo es del viento, salvo que se trate, claro está, de las propiedades inmobiliarias que ha estado amasando en los últimos años, que son solo de él y su familia. O aquello otro de que el mejor destino para el hombre iluminado es el de supervisor de nubes que tanto contrasta con el sobreprecio infame que se cobraba al Estado venezolano por cada caja CLAP de alimentos básicos para las clases más desfavorecidas del país, jugando con su hambre. Ahórrenos las homilías laicas, señor Zapatero, y reserve su zalamería para aquellos que se dejen engañar por ella, que no somos nosotros.
Lo que le espera al expresidente, hasta ahora referente moral de un partido que hace mucho tiempo que está abrasado, es un purgatorio muy largo. Solo al final del mismo sabremos lo que puede o no puede probarse. Mientras tanto podríamos entreternos en buscar nombres nuevos para sociedades ficticias del así llamado “Grupo Zapatero” que pudieran acompañar a “Inteligencia prospectiva” o “Análisis relevante”. Yo propongo “Subvenciones insospechadas” “Actividades sigilosas” y “Esto no es lo que parece”. Ya que tenemos que sufrir tan desoladora corrupción, que se rían al menos un poco los oficiales del Registro Mercantil.