Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Ahora queda por saber si será condenado y pasará por la cárcel para cumplir las penas que implican los gravísimos delitos

Zapatero ha sido imputado y está siendo investigado por la Justicia por la presunta comisión de gravísimos delitos; y no, no es por ninguno de sus logros políticos alcanzados durante el tiempo en que fue presidente del Gobierno de España, por mucho que traten de confundirnos sus partidarios más sectarios: ni por sacar las tropas españolas de la guerra de Irak, ni por hacer realidad el matrimonio igualitario ni por aprobar la ley de dependencia (aunque después no la financiara), por citar tres de sus éxitos políticos que reconocemos incluso muchos de los que lo consideramos, hasta que llegara Sánchez, el peor presidente de la democracia. No es, por tanto, que la derecha pretenda mandarlo a prisión por las decisiones políticas que tomó mientras fue presidente del Gobierno de España sino que la Justicia investiga ahora sus tejemanejes una vez dejó de serlo y, en concreto, a partir de 2021, momento a partir del cual se arrimó al presidente Sánchez e inició sus actividades presuntamente delictivas.

Los inauditos defensores

Además de por las medidas políticas arriba señaladas que, en general, reconoce y valora una mayoría de españoles, Zapatero pasará a la historia por perpetrar algunas otras que los socialistas quieren que olvidemos pero que una mayoría de españoles no olvidaremos nunca: y es que Zapatero impulsó en 2010, tras negar reiteradamente la crisis que ya se cernía sobre la ciudadanía, los mayores recortes sociales aprobados en democracia, entre otros, la reducción del sueldo de los funcionarios, la suspensión de la revalorización de las pensiones, la eliminación del cheque-bebé, la supresión de la retroactividad en el pago de prestaciones por dependencia o recortes millonarios en la inversión pública, a lo que se unió meses después la reforma restrictiva de las pensiones para posponer la edad de jubilación o la reforma de la Constitución Española para hacer frente antes al pago de la deuda que a los gastos sociales, todo ello después de derrochar dinero público a diestro y siniestro con medidas como el plan E, las ayudas universales sin tener en cuenta el nivel renta o la bajada de los impuestos a empresas y ciudadanos con rentas altas («bajar impuestos es de izquierdas», llegó a decir), todo lo cual provocó una enorme indignación social que desembocó posteriormente en el 15M; razón por la cual sorprende sobremanera que Monedero, Pablo Iglesias o Irene Montero, surgidos de aquel movimiento, se hayan convertido en los más acérrimos defensores de su figura, paradojas de los que no tienen memoria… o sólo la tienen para lo que les interesa.

Quizás sea porque, además de perpetrar los mayores recortes sociales contra los más vulnerables, fue el impulsor del Estatut que agigantó al independentismo catalán, abrió la mayor crisis territorial de la democracia, reabrió las heridas de la Guerra Civil enfrentando a unos españoles con otros, inició un proceso de negociación con ETA que ayudó a la rehabilitación de su brazo político sin condena expresa del terrorismo y polarizó a la sociedad hasta extremos nunca vistos antes sólo para obtener réditos políticos; en este sentido, fue un precursor de lo que Sánchez haría después, perfeccionando su psicopatía y su populismo.

Zapatero, por todo ello, el de la sonrisa y el talante, fue defenestrado por el PSOE y por la sociedad española en su conjunto, la cual otorgó en 2011 la mayoría absoluta al PP de Mariano Rajoy y llevó al PSOE al peor resultado de su historia. Y así Zapatero durmió durante años en el limbo de las pesadillas socialistas; nadie quería recordarlo.

Amigo y defensor de Maduro

Años después, ya en 2021, como surgido del olvido y el ostracismo, reaparece para apoyar a Sánchez en sus decisiones más reaccionarias: indultos y amnistía a los líderes del procés, negociaciones con Puigdemont y sucesión de cesiones a los nacionalistas e independentistas que quieren romper España; se convierte, de un día para otro, en la mano derecha de Sánchez y en su gran apoyo, mientras valiosos socialistas son arrinconados, expedientados o expulsados del partido. A su vez, el Gobierno de España cambia su posición respecto a Venezuela, que pasa de calificarla como dictadura y apoyar al líder democrático Guaidó a mantenerse equidistante entre los dictadores y sus víctimas, y Zapatero, mientras tanto, se convierte en amigo personal y defensor político internacional de Maduro y la cohorte de delincuentes que lo rodean. Al parecer, ya estaba haciendo negocios con la narcodictadura.

Hace apenas seis meses escribí aquí un artículo titulado «No sé si Zapatero acabará en la cárcel pero…». Ya se rumoreaba que andaba metido en algunas actividades turbias que además podrían ser ilegales, como apunta ahora el auto del juez Calama, donde se concreta además su relación con el rescate millonario de Plus Ultra, así como sus negocios en China y en Venezuela. El juez lo investiga por nada menos que por los delitos de organización criminal, falsedad documental y tráfico de influencias. 

A Zapatero ya se le juzgó por su trayectoria política. Por su desastrosa gestión de la crisis, por sus recortes sociales, por sus cesiones ante el independentismo catalán y por dividir a la sociedad, el PP logró la mayoría absoluta y él fue defenestrado por el PSOE y olvidado por la sociedad española. Tras ser el peor presidente de nuestra historia reciente, cuando Sánchez lo recuperó para defender sus medidas más lesivas, se coronó como el peor expresidente de la democracia.  Pero no es eso lo que se dirime ahora. Aquello ya está juzgado y sentenciado en las urnas. Ahora queda por saber si será condenado y pasará por la cárcel para cumplir las penas que implican los gravísimos delitos por los que la Justicia lo acusa. Si así fuera, sería su segundo (y definitivo) entierro.