Chapu Apaolaza-ABC
- José Luis Rodríguez Zapatero confirma que de izquierdas solo quedan los ricos
Por las crónicas de la UDEF, que parecen un episodio de ‘Tintín’, aparece que Julito, liebre de nuestros zapaterismos, tenía sobres escritos en chino llenos de billetes y una bolsa de palos de golf hasta llena de fajos. Es difícil mantener la cordura en este santo país en el que uno está pensando si vivimos en una democracia plena y, a cada poco, se le cruzan pensamientos sobre cuántos fajos cabrían dentro de su toro Chirrino, que mientras escribo esta columna me mira desde la pared fijamente, como el juez Marchena en un juicio del Supremo.
Ah, Chirrino, te llenaría de billetes pequeños, como un fenomenal toro-piñata de las mordidas de mi Españita. El envoltorio del trinque dice mucho de la corrupción. Importa si el dinero se guarda en el altillo, en la bolsa de los palos de golf o debajo del colchón, que es la manera tradicional de esconder el mogollón. A José Luis Rodríguez Zapatero, como al aloe vera, le descubren a cada día nuevas propiedades. En la caja fuerte de la oficina de Ferraz –esa que, según se ha contado, Gertrudis Salazar se negaba a abrir– han aparecido docenas de relojes, gargantillas, broches y collares, más tesoros que en los de Tutankamón. La bolsa de joyas es otro de esos símbolos materiales que remiten al ladrón clásico.
Me acuerdo de cuando se decía de Zapatero que era un tipo sencillo que volvería a León al dejar la presidencia. Una mañana fría de ese invierno madrileño en el que lamentas hasta haber dejado a tu última novia, se me acercó a la salida del Congreso, me dio la mano abriendo mucho los ojos y, mirándome fijamente, me dijo: «Parece que va a nevar, ¿no?». Yo asentí, atrapado todavía por aquella leyenda presidencial según la cual eran una familia frugal y en Moncloa nunca se devolvía la sopa porque estuviera fría.
Zapatero se presentaba ante la historia con todo el kit sentimental de la izquierda: una señora hombruna que cantaba en un coro y a la que peinaba el enemigo, dos hijas con aire de perpetrar un asesinato en masa en un instituto de Florida y un asiento moral desde el que hablarte del infinito. Y esa secretaria que toda mujer desearía para su marido.
Por debajo de aquella capa de hombre del pueblo, de Pepe Mujica del Bierzo, se movían presuntas comisiones de 10K –que no son carreras populares, como pueden imaginar–, más joyas que en la caja fuerte de una reina en el exilio y venga casas en Las Rozas. ZP confirma que de izquierdas ya solo son los ricos. Para cumplir el prototipo de la izquierda de chaqueta de pana, a Zapatero únicamente le sobraban –presuntamente– los millones de las mordidas, porque por lo demás reunía todos los requisitos estéticos, incluida la cara de cateto. A mí me pasa al revés. Tengo pinta de marqués del Cantábrico y, sin embargo, no tengo un chavo. Como me dijo un día Manolo Castillo: «Chapu, a ti para ser rico solo te falta el dinero».