Por ahora

IGNACIO CAMACHO – ABC – 27/07/16

Ignacio Camacho
Ignacio Camacho

· España está teniendo suerte con el terrorismo. La cuestión es si además tendremos resistencia moral para encajarlo.

Pues sí, quizá terminemos acostumbrándonos, como dijo Manuel Valls después del atentado de Niza. La fuerza de la repetición acaba primero con la capacidad de escándalo, luego con la de indignación, después con la de sorpresa y por último provoca una suerte de rabia resignada. En las guerras, la gente se habitúa a vivir bajo los bombardeos. Y de eso se trata, de una guerra en la que por ahora los tiros suenan a una cierta distancia. Por ahora.

Porque cualquier día sucederá aquí. En España el yihadismo está más controlado que en Francia o Alemania, la comunidad musulmana es aún sobre todo de primera generación, mucho menos conflictiva, y resulta bastante difícil hacerse con armas o explosivos; pero parece iluso pensar que vivimos libres de peligro. Por bueno y eficaz que sea, que lo es, el trabajo de las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia, la probabilidad de atentado es muy alta. No somos intangibles para el terrorismo; simplemente estamos teniendo suerte. Por eso este tiempo de calma debería servir para asentar con carácter preventivo un cierto consenso social ante la amenaza. Un estado de ánimo gobernado por la ética de la resistencia.

No lo tenemos. La larga etapa de sufrimiento bajo el terror etarra no ha legado ningún poso de fortaleza civil en una sociedad acostumbrada a la crispación y al uso arrojadizo de las responsabilidades. Las ciberredes crepitan de cainismo bajo nimios pretextos de debate. Los recientes atentados en Europa han provocado ya entre nosotros polémicas que testimonian una mentalidad beligerante. La agria confrontación política, el propio bloqueo institucional cruzado de vetos ideológicos y nominales, son el reflejo de una comunidad dividida, agrietada, falta de cohesión sobre principios básicos y por tanto moralmente vulnerable.

La última experiencia de un ataque islamista dejó escasos motivos de orgullo; el 11-M provocó un shock nacional cuyas consecuencias tal vez estén aún sin cicatrizar. Nadie estuvo entonces a la altura: ni el Gobierno que se horrorizó ante las consecuencias de la verdad ni los millones de ciudadanos que cedieron a la ofuscación y se confundieron de culpables. Es bastante verosímil que no hayamos asimilado la lección, dado que por fortuna ha habido pocas ocasiones en las que poner a prueba el aprendizaje.

El problema es que el ejemplo de los demás no sirve. Los franceses y los alemanes han empezado a acostumbrarse a fuerza de tragedias, y aún les queda trecho: no hay más que ver el desaprensivo oportunismo con que los populistas y xenófobos explotan el miedo para señalar a las autoridades. La pregunta antipática que toca irse haciendo es si la opinión pública española tiene hoy por hoy la suficiente madurez para asimilar sin descomponerse un golpe con víctimas mortales. Y existe un generalizado tabú político que impide discutir sobre ello antes de que sea tarde.

IGNACIO CAMACHO – ABC – 27/07/16