- Si los musulmanes de Occidente pueden manifestarse impunemente en favor de la sharía contra nuestro orden legal establecido, con más razón debemos nosotros alzar la voz para defenderlo
Expertos, autores, periodistas y activistas debemos unirnos para erradicar el miedo inoculado a nuestra sociedad a pronunciarnos libremente. Debemos llamar a movilizarnos pacíficamente en favor de una inmigración afín que sólo sume a nuestra sociedad, pero que jamás reste. No necesitamos ni queremos extranjeros en número creciente que pretendan socavar nuestro orden y paz sociales, nuestras leyes y convivencia, nuestro país tal y como lo conocíamos hasta ahora.
En varias ocasiones he advertido de la labor diaria y soterrada del complejísimo e insidioso entramado asociativo musulmán en España y Occidente. Bajo la apariencia de incontables asociaciones, fundaciones y federaciones que representan los derechos de sus comunidades musulmanas, existe un poderosísimo «poder blando» musulmán que implementa su agenda de islamización. En Europa ha habido muchos casos en los que esas asociaciones y federaciones han financiado el terrorismo yihadista. En España, el del clan Kutayni o el del presidente de la Comisión Islámica de España (CIE), Ayman Adlbi. Este, sin embargo, volvió a ser reelegido por sus correligionarios para un siguiente mandato a pesar de su imputación. El Registro de Entidades Religiosas recoge casi 2.100 de carácter islámico en España. Pero proliferan otras de carácter cultural, caritativo, amical, locales, para su supuesta integración, ONG, etc… Una desmesurada representación financiada por intereses extranjeros, impensable en otras comunidades de inmigrantes en nuestro país, incluso en otras mucho mayores como la hispana. Esto, a pesar de que los musulmanes se presentan siempre como marginados socialmente.
Detrás están influyentes y ricas potencias extranjeras arabo-musulmanas que fomentan la creación de esas asociaciones y financian su continuidad a condición de que implementen una agenda radical fundamentalista. También existen otras organizaciones islamistas, como los Hermanos Musulmanes, infiltradas en todo tipo de instituciones públicas y privadas españolas y en Occidente. Persiguen su paulatina expansión e imposición en nuestras sociedades, su blanqueamiento, el acallamiento a las críticas fundamentadas de sus opositores, la implantación de la sharía gracias a nuestra democracia sometida a su demografía y votos crecientes… Inculcan en sus fieles nuestro supuesto racismo y discriminación para radicalizarles y enfrentarles a los occidentales, que les acogimos cuando huyeron de sus sociedades islámicas fracasadas y voluntariamente llegaron aquí. Frente a las autoridades autóctonas, abogan por la educación del islam en las escuelas, por su comida halal, por cementerios islámicos ¡y por la libertad religiosa que ellos repudian para otros credos! También por el uso del velo, que no es manifestación voluntaria de una identidad religiosa, sino un desafío cotidiano más, muestra del avance del fundamentalismo en sus países y en Occidente. Astutamente ocultan esa imposición creciente y llaman islamófobos a quienes la denunciamos, llevando incluso a los tribunales a quienes ejercen su derecho al librepensamiento y expresión fundamentada: Ferris, Ballester, etc… Ningún país de mayoría musulmana ha suscrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino que en 1990 se reunieron en El Cairo para firmar un paripé de derechos humanos supeditados a su religión supremacista.
Debemos dar un giro de timón desde nuestra propia sociedad civil. Aunque el miedo inculcado por los insultos de sus cómplices colaboracionistas han anulado nuestra libre expresión. Es la izquierda autodenominada ‘progresista’ y la prensa afín subvencionada, que nos llaman racistas y xenófobos. Nos han coaccionado hasta que nosotros mismos nos autocensuremos por miedo para evitar nuestra posterior cancelación. Esa izquierda calculadora y sus ‘acólitos de plató’ dejan tirados en el arcén a los vecinos de barriadas modestas, víctimas de una convivencia imposible en muchas poblaciones del Levante y Cataluña. Esos recoge-nueces buscan en las nuevas poblaciones inadaptadas y violentas su caladero de votos futuros en detrimento de una sociedad bien avenida, imprescindible para que progresemos económicamente. La falsa excusa de la ‘diversidad’ y la «inclusión» lo puede todo, igual que el recurso al ‘fango’ o al ‘bulo’ contra cualquier imputación sólidamente investigada.
Es ahí donde debemos entrar quienes nos sentimos responsables para con la sociedad a la que pertenecemos. Todos unidos, sin importar ideologías ni protagonismos, debemos firmar un manifiesto por una inmigración «sostenible» (utilizando la propia jerga progre) que sume a nuestra sociedad, pero que jamás reste. Una inmigración afín, en vez de hostil, que contribuya y reme con nosotros en una misma dirección. Quienes voluntariamente lleguen a nuestro país huyendo del suyo, y pretendan imponer aquí sus costumbres arcaicas medievales e incompatibles, su incivismo, su delincuencia y violaciones, su falta de solidaridad laboral, deben regresar por donde vinieron.
Debemos enfrentar cuanto antes este problema que nos consume, pues de lo contrario una solución democrática y pacífica estará cada día más lejos. El hartazgo de los ciudadanos es cada vez mayor, no sólo en España, sino en toda Europa, y la distancia de nuestros políticos incapaces y cómplices con la realidad es ya un abismo.
La obtención de la nacionalidad por residencia, arraigo, nacimiento o cualquier otro medio, es el caballo de Troya. Debemos hacer una búsqueda proactiva de quienes serán nuestros conciudadanos en el futuro, no dejarlo al albur de sus llegadas para luego regularizarlos indiscriminadamente. Nuestro país se sostiene gracias a los impuestos de trabajadores y contribuyentes, y estos tienen derecho a que su esfuerzo revierta en la sociedad a la que pertenecen. No en extranjeros que nunca han cotizado, gracias a cálculos electoralistas de la izquierda, disfrazados de solidaridad. No debemos olvidar que cada Estado es el único responsable de crear las condiciones de vida adecuadas para sus nacionales: España no es una entidad caritativa que deba subsanar las corruptelas o sufrir el chantaje de estados africanos.
Desde aquí hago un llamamiento a todos aquéllos que tenéis una cierta relevancia social, un eco o seguidores en redes, para que nos unamos sin fisuras y ayudemos a dar voz a una población amordazada. Para que terminemos con el engaño que algunos políticos interesados y su prensa tratan de imponernos. Si los musulmanes de Occidente pueden manifestarse impunemente en favor de la sharía contra nuestro orden legal establecido, con más razón debemos nosotros alzar la voz para defenderlo.