Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Según el Deustobarómetro, un 52% de los vascos apoya la ‘prioridad nacional’
Siempre atento a las fluctuaciones del alma demoscópica del país, el Deustobarómetro les ha preguntado a los vascos por la ‘prioridad nacional’. ¿Es necesario priorizar a las personas autóctonas en la redistribución de recursos públicos para evitar el colapso de los servicios igualmente públicos? Y, bueno, el 52,5% de los vascos se muestra muy o bastante de acuerdo con hacerlo. Hay un 40,7% que está poco o nada de acuerdo. Y hay un 6,8% que no sabe qué contestar. Los datos parecen apuntar hacia una realidad inconcebible: los vascos están a favor de la ‘prioridad nacional’ como lo está Santiago Abascal, que es de Llodio. Por fortuna, el Deustobarómetro también pregunta por la autopercepción en términos ideológicos y la estadística vuelve a ser en este punto tranquilizadora: el 52% del país es progresista. Y apenas hay un 10% de vascos que se sitúa por encima del 7 en una escala en la que el 10 diez es la extrema derecha, pero extrema a todo lo que da.
O sea, que la mayoría de los vascos son progresistas y están a favor de la ‘prioridad nacional’ en la redistribución de recursos para evitar el colapso de los servicios públicos. Es probable que, para entenderlo, convenga reparar en la importancia de la subordinada final. Porque puede que a muchos vascos les preocupe más el colapso de los servicios públicos que las personas no autóctonas. Y eso no impide que a otros muchos les preocupen ambas cosas. El Deustobarómetro también les ha preguntado a los vascos por los principales problemas del país y los cinco primeros son, por este orden, vivienda, sanidad, inflación, delincuencia e inmigración. La ‘prioridad nacional’ puede relacionarse con cuatro de ellos. Entre otras cosas porque llevamos meses hablando de ella y aún no sabemos en qué consiste. No descarten que en Vox, partido que tampoco se distingue por su energía teórica, solo hayan acertado con la etiqueta, que es copiada del Frente Nacional francés de los ochenta. Mientras tanto, la Constitución impide la discriminación por razón de nacimiento, raza o religión y cualquier Ayuntamiento exige cierta antigüedad en el padrón para el acceso a servicios y prestaciones. Entre la Carta Magna y las piscinas municipales queda un enorme trozo de realidad donde operar y la política no debería parapetarse tras categorías puramente defensivas. Su trabajo consiste en intervenir con principios pero también con pragmatismo. Porque la realidad es como es y bajo la lluvia de eslóganes no suele arreglarse por su cuenta. Lo que hace es más bien empeorar.
G-7
Italia y Giorgia
El martes en el G-7 un micrófono indiscreto pilló a António Costa, siempre paternal, preguntándoles a Trump y a Meloni si volvían a ser amigos. Visiblemente incómoda, Meloni respondió que nunca habían dejado de serlo. Lo que dijo Trump sin inmutarse fue que ella le había abandonado. Tres días después, la relación entre ambos ha derivado en un conflicto diplomático y Antonio Tajani, ministro de Exteriores italiano, ha cancelado un viaje a Estados Unidos. ¿El motivo? Que Trump es un bocazas y le ha dicho a una televisión italiana que Meloni se le acercó rogándole que se hiciese una foto con ella y que él accedió porque le dio pena. A una velocidad más que significativa, Meloni publicó un vídeo. «Las declaraciones de Trump son inventadas», comienza. «No sé por qué se comporta así con sus aliados», continúa. Y termina de un modo insuperable: «Hay algo que debe recordar: ni Italia ni yo suplicamos nunca». Hay que escucharlo en italiano, claro: «Non imploriamo mai». Bravísimo. En Italia todos los partidos se han puesto del lado de la primera ministra y han exigido respeto. El subidón patriótico compensará un poco la exclusión del Mundial. Exceptuando Japón, Italia era el único país que le quedaba a Trump en el G-7 con su líder por insultar. A diferencia de Macron, Starmer o Merz, Meloni ha optado por la respuesta directa y temperamental. A ver cómo funciona. En el origen del conflicto, una disonancia cognitiva de tamaño catedralicio: Trump creyendo que a día de hoy algún líder de un país del primer mundo está deseando hacerse una foto con él.