Iñaki Ezkerra-El Correo

  • Sabemos por experiencia que el deterioro de nuestros trenes y nuestras vías ha alcanzado unos extremos escandalosos

Lo dijo en el mitin vallisoletano de precampaña y con una gesticulación que lo que daba es más bien miedo: «el PSOE es el partido del amor». En política, la cursilería oculta siempre algo siniestro. Y ese algo, o sea, el siniestro no tardó en llegar. Ante la tragedia de Urda, el único amor que ha demostrado sentir Óscar Puente es el amor propio escaqueándose de sus responsabilidades, señalando a un operador que contaba con unos medios de control insólitamente limitados en la era de los GPS y negando una evidencia clamorosa: la ya proverbial precariedad de nuestro sistema ferroviario, de la que él es el directo responsable. Puente califica de «inverosímil» lo que sabíamos todos los españoles por propia experiencia: que el deterioro de nuestros trenes y nuestras vías ha alcanzado unos extremos escandalosos gracias a su nefasta gestión. Sabíamos que no era posible realizar un trayecto sin retrasos horarios y que tratar de leer un libro o el periódico en un vagón es como hacerlo en medio de un terremoto de magnitud 5 en la escala de Richter. Sabíamos de las vibraciones, los traqueteos y los zarandeos; de las eternas y absurdas paradas en vías muertas y en mitad de la nada; de las descaradas reducciones dictadas por el propio Puente en las compensaciones económicas por demoras, que suponen una obscena renuncia a la puntualidad y una desvergonzada forma de decirle al usuario que se aguante.

El partido del amor… ¿A qué asesor de campaña se le ha ocurrido ese kitsch, empalagoso y vomitivo lema que remite directamente al Ministerio del Amor del ‘1984’ de Orwell y que, después de Urda, resulta insoportablemente sangrante? Resulta sangrante la mera permanencia en el cargo de un trol del odio en las redes sociales que ha logrado colocar a España en el record mundial de muertes por accidente ferroviario.

La verdad es que desde la época de Zapatero, el PSOE ya viene apuntando maneras orwellianas. Ese mismo Ministerio de Igualdad que nació en 2008, y que, tras unas guadiánicas mutaciones, resucitó Sánchez en 2020, sonaba demasiado al Ministerio de la Verdad que se inventó el escritor británico para su distopía. Eso en la forma porque en el fondo la que de veras responde a esa institucionalización de la verdad absoluta es la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Sospecho que el Partido del Amor se va a tener que quedar el 29-N con las ganas de fundar el Ministerio de la Paz y el de Abundancia que también aparecen en esa novela sobre el horror totalitario.

Sí. El aún ministro de Transportes debió de seguir en su día las emisiones de ‘Lo que necesitas es amor’ y decidió mutar de Óscar Puente en Jesús Puente. Pero, después de Urda, ese partido va necesitar algo más que amor y que amantes. Va a necesitar votantes.