IGNACIO MARCO-GARDOQUI-EL CORREO

Le he relatado alguna vez mis dificultades para encontrar la coherencia de los acontecimientos, debido a lo mucho que cambian y a mi progresiva rigidez mental. Esta pasada semana se me han complicado aún más las cosas. Veamos la secuencia. Primero, conocimos la carta dirigida al Banco Central Europeo por más de un centenar de economistas liderados por Thomas Piketty, entre los que se encontraban nada menos que la presidenta del PSOE y dirigentes de Podemos, en la que solicitaban la condonación de la mayor parte de la deuda que los países miembros de la UE mantienen con él. A nosotros nos tocarían 300.000 millones. No esta nada mal. Segundo, hemos visto al candidato Salvador Illa pedir al Gobierno central, del que ha formado parte hasta hace treinta segundos, que perdone la deuda que mantiene Cataluña con el Estado. Y tercero, hemos visto a la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño, dejar que se propague la idea de que el Gobierno prepara la reforma del ICO de tal manera que puedan eliminar sus deudas pymes y autónomos. Lo siento, la lógica exigía que le perdonasen también a usted el pago de los impuestos, pero de eso no he oído nada, a pesar de haber estado muy atento.

Es evidente que el sostenimiento del entramado económico nos ha obligado a generalizar los ERTE y a regar con créditos el sistema empresarial para evitar una crisis de liquidez aguda. Como lo es el que la prolongación de la pandemia y la tardanza en las vacunas imponen el mantenimiento de dichos mecanismos para evitar que el paro se desboque y que los problemas puntuales de liquidez muten en problemas generales de solvencia. Ya, pero ¿cómo puede funcionar un sistema en el que te pagan por pedir dinero y en el que, a la vez, las deudas no se pagan? ¿Es eso posible? ¿es viable? ¿podría alguien hacerme la caridad de explicármelo despacio para que lo entienda?

Como soy miope veo algunas dificultades. La primera es que tanto la presidenta Lagarde como Luis de Guindos han advertido que tal cosa es ilegal y, además, contraproducente, pues socavaría la confianza en el euro. ¿De verdad todo se reduce a un apunte contable? Aparte de que, ¿qué hacemos con los países que se han endeudado muy poco por haber seguido políticas más austeras? ¿Romperíamos la equidad para favorecer a los poco previsores? ¿Es eso justo? Del mismo modo, si se le perdonan sus deudas a Cataluña ¿qué hacemos con las comunidades que no se han endeudado con el Estado, como es el caso del País Vasco? ¿Se fastidian por haber sido probos? Por último, las empresas bien gestionadas, que no han necesitado endeudarse o pueden pagar sus deudas, ¿qué hacen? ¿castigados por sosos?

El ministro Escrivá ha dicho que Luis de Guindos es un «hipócrita» porque el BCE tampoco puede financiar a los Estados y lo hace. Ni idea, pero ¿no le parece más hipócrita calificar de hipócrita a quien te ha sacado las castañas de la deuda del fuego y evitado tu quiebra, como es nuestro caso?