Jesús Cuadrado->Vozpópuli

  • La única función reservada al Partido Socialista es ser simple peón de los enemigos declarados de la España del 78

En tanto la Justicia desarrolla su trabajo contra la organización criminal que colonizó el Estado para saquearlo, pensando en el futuro del país, lo más juicioso es preguntarse por el postsanchismo. En ese sentido, sorprende tanta insistencia en un enigmático sector crítico socialista, que los hechos niegan una y otra vez. Se crea un espejismo que confunde a muchos electores, contrarios al sanchismo, pero interesados en el regreso del Psoe de antes. De hecho, encuestas recientes contabilizan que, de los votantes socialistas, un 50% exigen la dimisión de Sánchez y convocatoria de elecciones. Mantener la ficción del regreso de un Partido Socialista inexistente choca con la realidad de una organización que, ya sin brújula ideológica, simplemente sirve a otros.

Apoyo a criminales

Para conocer el estado de la política española, es muy útil seguir la pista de las declaraciones de Otegi, al que, ya sin capucha ni miramientos, se le entiende todo. Al hablar de una “gobernanza” junto al Psoe, se está refiriendo a la conveniencia para sus fines de contar con el apoyo de los votantes socialistas más fanatizados, los que ya aprecian a los “bilduetarras” como aliados. Se puede constatar, si se observan las manifestaciones de esos electores en redes sociales y actos de partido. Como al independentista Rufián, aplauden con fervor al terrorista jefe de EH Bildu. Para calibrar la degradación democrática provocada por el sanchismo y sus socios, fíjate en organizaciones con ministros en el Gobierno que muestran estos días un apoyo entusiasta al Partido Comunista chino y a Mao Zedong, uno de los mayores criminales en masa de la historia. Para evaluarlo, imagina que otros partidos españoles reivindicaran a Hitler.

A Otegi, como a todos los compinches interesados en retrasar la caída del Psoe, la democracia española les importa una higa. Cuando, desde un cinismo cósmico, el mandamás bilduetarra proclama “hay que levantar un muro antifascista”, está pensando en una fórmula política de destrucción de la España constitucional, para lo que necesita la colaboración imprescindible de votantes acérrimos socialistas a los que envía el mensaje “mira, tenemos objetivos comunes”. Quienes hayan observado a estos electores, en Zamora o en Alicante, constatarán el éxito de la utilización de esta artimaña de un antifascismo instrumental por la ETA 2.0. Santos Cerdán lo cogió al vuelo y se adelantó en los pactos con esta banda para hacer negocios en las mesas de contratación pública, según reflejan los informes judiciales. Con un “no pasarán”, Otegi se lleva al huerto a los socialistas fanáticos, valencianos o extremeños. ¡El Psoe residual, a sus pies! 

Nuevo Frente Popular

Para un próximo escenario político sin Gobierno sanchista, todos los fatídicos aliados del Psoe están centrados en organizar un Nuevo Frente Popular de resistencia, en línea con el conglomerado político que en Francia lleva ese nombre, y en el que los socialistas juegan un rol de secundarios. Curiosamente, es la misma idea que se le ocurrió a Stalin a partir de 1934 como fórmula para ampliar en Europa su base social y política, más allá de la disciplina comunista. El estalinismo etarra está suficientemente acreditado y habilidades para engatusar a sus propias víctimas les sobran. En ese sentido, la única función reservada al Partido Socialista, desprestigiado y sin autonomía política, es la de ser simple peón de los enemigos declarados de la España del 78.

La expresidenta andaluza Susana Díaz calificaba recientemente el acuerdo de PP y Vox para la investidura de Moreno Bonilla como un pacto “sin corazón y sin alma”. Los socialistas se han acostumbrado a esta utilización frívola del lenguaje, a base de eufemismos, por no tener nada que aportar. ¿Cómo se refuta algo tan hueco? Con estas tonterías demuestran haber perdido la conexión con los electores. La integración sin mayores dificultades del partido de Abascal en los cuatro gobiernos autonómicos, y su normalización en la opinión pública, demuestra que la apuesta sanchista por el fracaso de estos pactos ha resultado un fiasco. Los espantapájaros contra la fachosfera ya no asustan a nadie y demuestran que son los socialistas quienes han quedado fuera de la centralidad política en la que se ubica la gran mayoría de los españoles, que deciden. En fin, nuevo ciclo político.