Rajoy y Sánchez están en el alero

Los equipos de campaña del PP y del PSOE han realizado una hábil pero engañosa gestión de las expectativas electorales de los dos partidos. Para los populares sería un “éxito” lograr 130 o más diputados, en tanto que para los socialistas resultaría suficiente superar en votos y escaños a Podemos. Rajoy sabe que el PP será el más votado pero no si el resultado que obtengan sus listas será suficiente como para continuar con solidez al frente de la organización y, eventualmente, del Gobierno. Eso dependerá tanto del número de diputados -todo lo que sea bajar de los 130 perforará sus propias expectativas– como de la distancia que obtenga sobre la segunda opción electoral. En el caso de Sánchez, las variables para que su liderazgo siga siendo sostenible son dos: el número de escaños que pierda sobre 2011 (110) y la posición del PSOE respecto del partido de Iglesias. Si ambos líderes ni siquiera cumplen con las muy menguadas expectativas de “éxito” que han generado, deberían pensar en retirarse asumiendo así la responsabilidad política de sendos fracasos. Habrían sido los dirigentes que, además de llevar a registros mínimos a sus formaciones, protagonizarían el fin del bipartidismo.


· El voto urbano y el de las generaciones más jóvenes son indicadores de por dónde seguirá la dinámica electoral en próximas confrontaciones en las urnas

Lo que ocurra mañana con el PP y el PSOE dependerá en buena medida del porcentaje de participación. Sólo en tres de las diez elecciones generales celebradas -las primeras en 1979, las últimas en 2011- la participación bajó del 70%. En las otras siete, se superó ese porcentaje. Y en 1982, cuando, como ahora, la pulsión de cambio era fortísima y los comicios transformaron el paradigma de los partidos en España con el hundimiento de UCD, acudieron a las urnas el 79,97% de los ciudadanos censados, una cifra récord que mañana, según algunos observadores demoscópicos, podría superarse. En los anteriores comicios, votó el 71,7%, logrando el PP una holgada mayoría absoluta. Si mañana se produjese un 8 ó 9% más de participación, los dos partidos emergentes tendrían posibilidades de ampliar su presencia parlamentaria por movilización de abstencionistas a los que las ofertas de Podemos y Ciudadanos podrían ilusionar. De ahí que Albert Rivera haya propugnado “reventar” las urnas.

Otro factor determinante para indagar sobre el futuro inmediato será el de la localización del voto. Si sobre malos resultados generales, PP y PSOE asientan sus reales en las provincias en las que la ley electoral les prima, sus descensos serán, además de cuantitativos, cualitativos y, por lo tanto, sus respectivos líderes cuestionados con mayor razón. El voto urbano, por una parte, y el de las generaciones más jóvenes, por otro, son indicadores muy seguros de por dónde seguirá la dinámica electoral en próximas confrontaciones en las urnas. Encarar el futuro con dirigentes castigados por el fracaso sería arriesgado. Por eso, Rajoy y Sánchez estarán mañana en el alero.