Renovación no, tranquilidad sí

EL MUNDO 04/11/16
LUCÍA MÉNDEZ

EL presidente del Gobierno ha renunciado a la renovación, en aras de su tranquilidad, que para él es un asunto decisivo como persona y también como líder político. Salvo que entendamos por renovación los nombramientos de José Ignacio Zoido e Iñigo de la Serna. En palabras de José Luis Ayllón, con motivo de la crisis de Gobierno que abrió y cerró en falso después de las municipales y autonómicas, Rajoy ha llevado a cabo unos retoques de «chapa y pintura».

Rajoy ha desactivado bastantes dolores de cabeza que le trajeron a mal traer en los estertores de la pasada legislatura. Para empezar, lo de las caras nuevas lo tenía fácil, ya que había tres ministerios vacantes –Fomento, Sanidad e Industria– que estaban sin cara. Aún así en uno de ellos, Industria, ha dejado una cara antigua. Lo cual es también muy de Rajoy, ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Ahí es donde el líder del PP busca y encuentra su comodidad. A tono con esa actitud vital, el presidente del Gobierno ha desactivado al denominado G-8 sacrificando a dos amigos personales: Jorge Fernández y José Manuel García-Margallo. El hasta ahora ministro del Interior tenía todas las papeletas para salir después de haber sido reprobado por el Congreso. El hasta ahora ministro de Exteriores ha sido expulsado de la galaxia de Rajoy, no porque la oposición le hubiera puesto la proa, sino porque es un hombre con excesivo impulso político y criterio propio para los gustos del presidente. Demasiados líos. Encabezaba la oposición interna a la vicepresidenta.

Entonces, cabría deducir, la batalla interna la ha ganado Soraya Sáenz de Santamaría. Pues tampoco. Estamos hablando de Rajoy, que nunca deja que nadie gane del todo. La vicepresidenta ha perdido su joya de la corona: la Portavocía del Gobierno. La imagen de la número dos se ha construido durante los últimos cuatro años en torno a sus apariciones estelares los viernes a mediodía desde La Moncloa. Es cierto que la vicepresidenta tendrá más competencias administrativas, pero carecerá de una visibilidad que era el centro de su imagen de mujer poderosa. Con Soraya fuera del foco público, Rajoy ganará mucha tranquilidad interna, porque todos los días le ponían la cabeza como un bombo sobre el déficit de comunicación. Ahora le dejarán en paz, aunque las capacidades comunicativas del nuevo portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, están por descubrir. Es un hombre afable y simpático, eso sí.

También gana tranquilidad Rajoy por el lado de María Dolores de Cospedal. Ella suspiraba por un ministerio de Estado y ahí lo tiene. La flamante ministra de Defensa ya no podrá decir que su presidente la ha dejado colgada sin cargo. Un descanso para el ánimo presidencial. A simple vista, parece algo raro que el PP vaya a tener una secretaria general que sea al mismo tiempo la jefa de los militares.

La continuidad de Cristóbal Montoro únicamente puede explicarse en función de la comodidad del presidente. Menudo lío tener que despachar el asunto presupuestario con un nuevo ministro que tendría que enterarse de los números. Hay que reconocer que Montoro ha actuado con enorme habilidad estos 10 meses para buscar su continuidad. Ha estado callado como si no existiera, quizá para hacerse perdonar las descalificaciones que ha lanzado a diestro y siniestro desde 2011 a 2015, la filtración de los datos de Hacienda de varios contribuyentes, y su soberbia con la oposición y con su propio partido. La normalidad con la que será acogida internamente la continuidad de Rajoy merece que al presidente se le haga una ola. O, en su defecto, unos olés.