Luis Ventoso-El Debate
  • El presidente más divisivo se escaquea de sus años de incompetencia insistiendo en «un pacto de Estado contra la emergencia climática»

La proliferación de canales de televisión en bucle obliga a rellenar mesas y mesas de charleta con lo primero que se pilla, eliminando cualquier control de calidad. Las redes sociales están abiertas a todo el mundo, y un tarugo que exprese un disparate de manera faltona y persuasiva puede recibir más eco y aplauso que la opinión ponderada de un erudito. Por último, existe una condena populista de «los expertos», a los que se acusa de engañar a «la gente», que poseería en grupo el monopolio de la verdad.

Este estado de cosas hace que la idiocia más osada campe por los platós con una desacomplejada desenvoltura. Preocupado por los incendios, me puse a ojear a las ocho y media de la tarde el especial que ofrecía TVE. Allí estaban dos jóvenes presentadores, acompañados por tres supuestos especialistas, dos de ellas de Greenpeace. Una de las ecologistas, de unos 40 años, y en principio en plena posesión de sus facultades mentales, se sumó a la sintonía de Sánchez reclamando «un pacto de Estado contra la emergencia climática». Viniéndose arriba, lo argumentó así: «Si tuviésemos ese pacto, los 6.000 millones que se han ingresado con la victoria en el Mundial se podrían haber destinado a esto». Asombrosa burramia. Y se quedó tan ufana, sin que los periodistas la corrigiesen sobre el disparate del premio del Mundial.

La degradación del debate público es extensiva a la política, donde los facazos partidistas se anteponen cada vez más al interés general y a toda colaboración. Padecemos al presidente más divisivo de nuestra democracia, que cada vez que surge un desafío se hace la misma pregunta: ¿Cómo puedo aprovechar esto para machacar a la derecha?

Ante el cariz que estaban tomando los incendios en la noche del jueves, con varias comunidades afectadas y el fuego saltando los lindes regionales, el Gobierno debió haber tomado ya entonces el control de las operaciones. No lo hizo. El plan era el habitual cuando el reto se registra en comunidades gobernadas por el PP («si quieren ayuda, que la pidan»). Pero Ayuso tuvo la astucia política de hacer partícipe del problema al Gobierno que no gobierna, sacando a Marlaska y a Sánchez de sus felices prevacaciones. Es lo razonable, porque unos incendios como los que sufren estos días España y Francia suponen una emergencia nacional, dificilísima de afrontar gobierne quien gobierne.

Al ponerse el Gobierno al frente pudimos asistir a una escena insólita: dos políticos que se odian sentados juntos en la mesa del puesto de mando. Sánchez apretaba las mandíbulas muy tenso. Ayuso expresaba su desdén con ese rictus de castiza irónica que adopta en estos trances. Ni se miraban ni se hablaban. Se vuelve complicado colaborar y dialogar cuando has organizado hasta una guerra sucia política contra la que se sienta a tu lado, utilizando incluso al fiscal general. Está ya todo demasiado podrido.

En sus siete años de mandato, el falso ecologista de la Moncloa realmente no hizo nada de mínima importancia para prevenir y atajar los incendios forestales. Para salir del paso ante la crisis en curso, se aferra a la cantinela de apelar a «un pacto de Estado contra la emergencia climática». Lo dice el que llamó a levantar «un muro contra la derecha», el que insulta a la mitad de los votantes llamándolos con risa Joker «la fachosfera», el que se niega a hablar con el tercer partido de España, Vox, mientras está asociado al de ETA. Lo dice un tipo que ahora mismo tiene a un cabestro sentado en un ministerio para embestir contra todo lo que se mueve y a una ministra llamando Hitler al líder de la oposición.

Cháchara hueca. ¿Un pacto de Estado para hacer qué? ¿Con qué fondos, cuando llevamos tres años sin lo básico, los Presupuestos Generales del Estado, vulnerando de manera flagrante el mandato constitucional? ¿El Pacto de Estado contemplaría, por ejemplo, dejar de gastar ingentes cantidades de dinero en ideología de género, en mil asesores trabajando en el cañón de manipulación de Moncloa, en la ruinosa RTVE de la propaganda, en chiringuitos ideológicos sin cuento…? ¿Hacemos un pacto para dar un tijeretazo a toda esa quincalla para reforzar los medios aéreos contra el fuego? Jamás.

Un irresponsable que ha convertido a los adversarios en enemigos apela al entendimiento cuando llega un problema que lo desborda. Aún así, la gravedad de la situación obliga a hacer de tripas corazón y primar la cooperación leal de todas las administraciones. Pero en cuanto nos libremos del personaje, habrá que preguntarse si ha sido buena idea deshuesar el Gobierno central y si está bien organizada la coordinación con las comunidades. Un país que cada vez que se enfrenta a una catástrofe tiene que abrir un debate sobre quién manda es un país con un modelo competencial diseñado con los pies.