Elena Moreno Scheredre-El Correo

  • Mi adorado Boris Cyrulnik nos dice que, tras una catástrofe, podemos elegir entre seguir como estábamos, votar a un dictador o renacer

Hace algunos años que descubrí a Boris Cyrulnik, un neuropsiquiatra, neurólogo y psicoanalista francés a quien se le atribuye el impulso del término ‘resiliencia’. Escucharle hablar sobre dolor, empatía o esos vocablos que definen las emociones humanas es como si alguien nos diera la mano en la noche para guiarnos hacia la luz. Ha escrito muchos libros y en cada uno de ellos es posible encontrar la receta para el alivio de esos males inespecíficos que padecemos al ser conscientes de que vivimos gobernados por gentes sin alma. Por supuesto, el Estado francés, que sabe cuidar a sus sabios, le ha concedido la legión de honor y otros títulos que reconocen que el tejido intelectual de un país es esencial para su posicionamiento en el mundo.

Mi adorado Boris ronda los noventa años, pero sigue teniendo una envidiable juventud intelectual, tanto como para meterse en jardines y hablar en su último libro de la importancia de los pequeños gestos cotidianos que nos unen como sociedad y de las consecuencias de la pérdida de esos vínculos. Habla, como siempre lo ha hecho, del amor, de su ausencia y también del presidente de los Estados Unidos. «No se puede debatir con los fanáticos como Trump. Si no piensas como él, eres un idiota». Y añade que tras una catástrofe podemos elegir entre tres opciones; seguir como estábamos y no mover nada, votar a un dictador que nos promete seguridad y peces de colores o evolucionar, renacer para construir tu nueva realidad.

Todavía con los esperanzadores acordes de la música del admirado neurólogo, abrí las páginas de los periódicos y me di de bruces con el acuerdo petrolífero anunciado el viernes por Donald Trump con Venezuela y Delcy Rodríguez. La balanza de voluntades del planeta estaba definitivamente inclinada; Trump ha conseguido el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de las reservas del crudo venezolano sin costo alguno para el contribuyente estadounidense. Si a esto le añadimos que en el ultimo año el susodicho estableció un bloqueo marítimo sobre Venezuela, realizó una operación militar para detener a Nicolás Maduro, y puso a la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez como gobernante interina del país, apaga y vámonos.

América Latina siempre ha sido impredecible, mas en cuanto que los poderosos han decidido jugar al Monopoly, están que se salen. Después de esto pienso en las tres opciones que recomendaba mi adorado Boris, que a mi juicio es solo una y que, en castizo, viene siendo Virgencita que me quede como estoy. Septiembre empieza a asomar la patita, la pereza estival se diluye por momentos, por eso he ido haciéndome con mi pequeña reserva de esperanza, como si tuviera una despensa donde guardar las aguas azules en las que me bañé, las siestas, el festival de colores de los atardeceres cálidos y la redención de poder leer a Boris Cyrulnik.