Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Insultar a un musulmán es puro racismo, pero insultar a los españoles es un acto perfectamente admisible

La pitada al himno de España y al Rey por parte de parte de los aficionados de la Real Sociedad en La Cartuja en los prolegómenos de la final de la Copa del Rey es un insulto al conjunto de los españoles y, por lo tanto, es inaceptable desde cualquier punto de vista. Además, semejante actitud es consecuencia directa y reflejo de algunos de los males de nuestro tiempo, en concreto, la sumisión, el bienquedismo y la docilidad que caracterizan a una parte de la sociedad, en este caso la vasca, y, especialmente, a la más joven, ignorante e incauta. O sea que, tras la pitada al himno de España (y otros insultos que pueden verse en redes sociales) no hay sólo un proyecto político rupturista e independentista con más o menos fuerza y que puede darnos más o menos miedo sino, sobre todo, mala educación, gregarismo, mansedumbre, incultura y sumisión social, lo cual, es cierto, quizás hasta dé más miedo y sea más peligroso que lo primero. Al fin y al cabo, habida cuenta la globalización, la independencia de Euskal Herria no sólo es ilegal sino que carece de todo sentido y de viabilidad práctica, por lo que es poco probable que ocurra, mientras que la sumisión social es acicate y aliciente para los malvados.

Así mismo, la pitada al himno de España por parte de aficionados de ciertas comunidades autónomas especialmente en ciertos partidos de fútbol se ha convertido, a base de repetirse, por un lado, en parte del paisaje y en costumbre rutinaria, pero, por otro lado, en signo de incapacidad e impotencia. Por un lado, en determinados ámbitos debe hacerse para pertenecer a la tribu; por otro lado, casi siempre se hace sólo para pertenecer a la tribu y quedar bien ante la mayoría real o imaginaria, ya que fuera de ella uno se aleja de semejantes prácticas y se ocupa de las cosas que realmente le importan. Además, los que gritan siempre parecen más que los que se mantienen callados.