KEPA AULESTIA-El Correo

  • El PNV es el único partido del voto de censura contra Mariano Rajoy y de la investidura del actual presidente que eventualmente podría entenderse con el PP

La advertencia de Aitor Esteban de que el Gobierno se la juega con el decreto-ley sobre las eléctricas, el requerimiento del portavoz jeltzale para que modulase una norma «simplona», y el voto negativo a su tramitación como proyecto de ley -por temor a que entre enmienda y enmienda empeore su articulado- han sido esta semana reveladores de dos características exclusivas del PNV: su casi simbiótica relación con buena parte del tejido industrial y financiero vasco, y la naturalidad con la que puede simultanear alianzas con distintas formaciones políticas o cambiar de socio.

La primera de esas dos características llevó ayer a EH Bildu y a Elkarrekin Podemos a interpelar al lehendakari Urkullu sobre las puertas giratorias entre personas significadas del PNV y las empresas energéticas. Dando a entender que su presencia en consejos de administración de compañías de un sector tan estratégico sitúa a Sabin Etxea a merced de sus intereses empresariales, y no al revés. Es una manera de verlo, sin duda. Y plantea problemas ineludibles, en cuanto a la mutua independencia entre grandes compañías y partidos que conforman el poder Legislativo y el Ejecutivo, o en cuanto al buen gobierno de sociedades anónimas y la profesionalidad requerida a su frente. Pero aun presuponiendo que el PNV no necesita de ‘lobistas’ que le hagan llegar las necesidades de las empresas señaladas o de otras, la auténtica ventaja jeltzale es que es el partido que más claro tiene lo que ha de hacer cuando se trata de economía real. Ello no le asegura infalibilidad alguna. Solo que se mueve con una brújula que atiende a intereses precisos más que a objetivos genéricos. Es la utilidad que busca el voto de las clases medias.

La segunda característica exclusiva del PNV es la ductilidad de su política de alianzas. De hecho es el único partido de los que se apuntó al voto de censura contra Mariano Rajoy y apoyó la investidura de Pedro Sánchez que podría entenderse con el PP si éste tuviese posibilidades de acceder en solitario a La Moncloa. Del mismo modo que echó abajo a Rajoy una semana después de salvar los presupuestos de éste. Aunque la presencia de Vox como aliado ineludible para los populares lo dificulte dentro de dos años, la volatilidad política amenaza a quien más se ha beneficiado de ella desde junio de 2018, el líder estos días absolutamente indiscutido del PSOE. Bastaría con una leve reconversión foralista de Santiago Abascal, siempre que no entrase a ese hipotético Gobierno popular. Lo que la fragmentación parlamentaria ha hecho desaparecer de los pronósticos es la eventualidad de que el nacionalismo gobernante en Cataluña y en Euskadi pase algún día a formar parte de un Ejecutivo central.