Tonia Etxarri-El Correo
Liderazgo y actitud de servicio. Eso es lo que se espera de un dirigente político con responsabilidades de gobierno en un país democrático, especialmente cuando le toca gobernar en condiciones adversas. Desde que se desató la crisis de Ceuta, su presidente, Juan Jesús Vivas, ha demostrado tener las aptitudes propia de un líder preocupado por los intereses de los ciudadanos a quienes representa. Sin dejarse arrastrar por la angustia colectiva, sin desfallecer ni en los momentos más duros en los que sus avisos de que se avecinaba una ocupación de la ciudad fueron desoídos desde La Moncloa. Se adelantó a la marabunta. Pero el Gobierno de España no le hizo caso.
Son dos maneras antitéticas de asumir la representación de los ciudadanos.
La del presidente del Gobierno, que no puede presumir de sus déficits. Ni tiene madera de líder (un líder no huye de las situaciones críticas) ni aptitud de servicio (no deja a los ciudadanos abandonados a su suerte durante un mes). Y, por si fuera poco, traicionado por su endiosamiento, comete la osadía de compararse con el jefe del Estado en una entrevista radiofónica. Felipe VI lleva doce años reinando pero a Sánchez se le debe de estar haciendo tan eterno que cree que lleva veinte. Lo dijo para afear la ausencia del monarca en Ceuta durante tanto tiempo. Pero lo más grave e inquietante es comprobar que no tiene empacho en criticar públicamente al Rey y dejar aclarada la sospecha generalizada de que es él quien no le ha permitido visitar la ciudad autónoma asediada. Un gesto feo, en fin, el de lanzar insidias contra el Rey sabiendo que no puede defenderse. El tiempo dirá si estamos ante una campaña contra la Monarquía o se trata de su rencor latente ante el diferente trato que el monarca y él recibieron de los vecinos de Paiporta (aplausos o pitos) o simplemente está buscando otro chivo expiatorio para volver a irse de rositas.
El caso es que el señalamiento de Israel, Rusia, la internacional ultraderechista, actores no estatales, mafias y cualquiera que se le ponga en medio con tal de exculpar a Marruecos, le sirve para sacudirse de encima las responsabilidades de una gestión que debía haber asumido él en primera persona.
Los ceutíes se sienten humillados por Marruecos. Y estafados por el Gobierno. Da vergüenza repasar el archivo y toparse con las declaraciones de la portavoz socialista, Montse Mínguez, diciendo que «en menos de 48 horas se ha resuelto una de las peores crisis migratorias». Textual. Volverán a salir mañana a la calle, como en la mayoría de ciudades y pueblos de España. El PSOE ha pedido a sus alcaldes y concejales que no secunden las manifestaciones. Pero algunos de los suyos piensan desoír el toque de corneta.
Veinticuatro horas después, comparecerá Sánchez ante el Congreso. Nadie espera un giro en su actitud empecinada en desviar la culpa hacia los demás. Pero si las concentraciones resultan tan masivas como se prevé, ¿seguirá señalando a la extrema derecha? A estas alturas de su agónica legislatura, después de haber demostrado su insolvencia a la hora de defender las fronteras del país, debería ser capaz de convencernos de que no está humillándose ante Marruecos. Pero no lo hará. No puede. Y Marruecos seguirá apretando. ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Un cogobierno en Ceuta? Más dudas que ayer.