Editorial-ABC
- Von der Leyen no gobierna Ceuta, pero proclama ante Europa que estará con los ceutíes. Sánchez preside el Gobierno de España y remite a los periodistas a Vivas
Ursula von der Leyen pronunció ayer unas palabras cuya contundencia contrasta con la actitud que Pedro Sánchez mantiene ante la crisis de Ceuta. «La frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Ceuta es Europa. Y Europa estará ahí para vosotros». La presidenta de la Comisión Europea no se limitó a una declaración de solidaridad. Anunció un nuevo marco legal de emergencia para afrontar episodios en los que movimientos masivos de personas sean organizados y utilizados como arma, con procedimientos excepcionales que permitan acelerar retornos y reforzar la protección de las fronteras.
A diferencia de Sánchez, Europa ha entendido la naturaleza de un problema que no es humanitario, sino de seguridad. Von der Leyen considera que situaciones como la que sufre Ceuta no pueden mirarse desde la perspectiva migratoria. Cuando terceros países utilizan a seres humanos para presionar las fronteras, la cuestión afecta también a la seguridad y exige una respuesta común. De ahí su propósito de reforzar Frontex, mejorar los sistemas de alerta y flexibilizar temporalmente los procedimientos ordinarios bajo condiciones estrictas. El mensaje político resulta inequívoco: Europa protegerá los derechos fundamentales, pero no renunciará a decidir quién entra en su territorio.
La distancia entre esta posición y la del Gobierno es difícil de disimular. Ayer, preguntado Sánchez por qué todavía hay centenares de menores inmigrantes en las calles y playas de Ceuta, despachó la cuestión con cuatro palabras: «Eso pregúntaselo a Vivas», en referencia al alcalde-presidente de la ciudad. El Gobierno invoca que la atención de los menores corresponde a Ceuta, mientras la Administración central asume otras responsabilidades migratorias. Pero una competencia administrativa no exonera al presidente del Gobierno de su responsabilidad global ante una crisis que afecta a una frontera española y europea. No es un episodio aislado. Sánchez ha convertido demasiadas veces el reparto competencial en un recurso para distanciarse cuando las circunstancias le exigen liderazgo. Durante la dana, remitió a la Comunidad Valenciana a solicitar los medios que necesitase; y en Paiporta, tras los incidentes sufridos durante la visita institucional, su respuesta pública se concentró inicialmente en informar de que él se encontraba bien. El problema no reside en discutir qué Administración posee cada competencia, sino en confundir deliberadamente competencia con responsabilidad.
La comparación con Bruselas es especialmente reveladora. Von der Leyen no gobierna Ceuta, pero proclama ante Europa que estará con los ceutíes. Sánchez preside el Gobierno de España y remite a los periodistas a Vivas. Europa ofrece respaldo, instrumentos y una doctrina de protección de sus fronteras; Moncloa receta deslindes administrativos. España necesita justamente lo contrario. La defensa de Ceuta, el control de las fronteras y la gestión ordenada de la inmigración son responsabilidades esenciales del Estado. Un presidente puede coordinar competencias; lo que no puede hacer es utilizarlas como coartada. Europa acaba de recordarle a Sánchez algo elemental: Ceuta es Europa porque, antes que nada, es España.