Rebeca Argudo-ABC

  • Tal vez no era tan positivo para ellos y su formación convencerlos de que aprender puede ser una juerga, y que al cole se va a divertirse

El día que llegaron las notas a casa, desconfié. Me extrañó un sobresaliente en Inglés y pedí una reunión para que alguien me explicara el misterio. La profesora, mientras me llamaba ‘mamá’ y me tuteaba, me explicó que a los niños que se les da mal la asignatura, para que no se frustren, les dejan sacar los apuntes en los exámenes y les dan más tiempo. Que eso les da mucha confianza en sí mismos y así no se sienten juzgados ni discriminados por una calificación numérica que les empuja a compararse. Yo la miraba sin dar crédito y ella sonreía, complacida, como si acabara de exponerme un axioma universal. Salí de allí pidiendo las sales y que no le dejasen al niño volver a sacar los apuntes nunca más, que me lo mandaran de vuelta juzgado, frustrado, discriminado y suspendido. Así que a mí no me han sorprendido los resultados de España en el informe PISA: no les habrán dejado sacar los apuntes.

Son los peores resultados históricos, como los de mi hijo en el siguiente examen de Inglés. En las tres competencias: Ciencias, Lectura y Matemáticas. En todas, además, aparece España significativamente por debajo del promedio OCDE (nuestros estudiantes han quedado en el puesto 28 de los 38 países evaluados). Y puesto que no creo que los estudiantes españoles tengan una capacidad intelectual inferior que otros por una simple cuestión de ubicación geográfica, quizás es nuestro sistema educativo el que no se encuentra entre los mejores del mundo para dotarles de dichas competencias. Tal vez, aventuro, no fue tan buena idea aquello de enseñar Matemáticas con perspectiva de género y con las destrezas socioafectivas y la resiliencia como nervio de la asignatura, ni eliminar la Filosofía del temario, o enseñar la Historia vertebrada por temáticas y no de manera cronológica (y en la que al hablar del terrorismo en España no se nombrase a ETA), o priorizar la aplicación práctica en el aprendizaje muy por encima de la retención memorística. O que ‘La Regenta’ y el Quijote ya no sean lecturas habituales porque se da más importancia a que el tema conecte con su experiencia adolescente que al valor histórico y literario objetivo de la obra. Tal vez no era tan positivo para ellos y su formación convencerlos de que aprender puede ser una juerga, que al cole se va a divertirse y que si pueden soñarlo pueden lograrlo. Quizás acabar con el fracaso escolar permitiendo que pasen de curso con asignaturas pendientes en lugar de que la falta de esfuerzo y constancia tenga consecuencias, y aprendan a lidiar con ellas, no fue la mejor ocurrencia. Para eso seamos expeditivos y acabemos con el fracaso escolar entregando el bachillerato aprobado en el Registro Civil en el mismo momento de la inscripción de nacimiento. Pero luego no participemos en evaluaciones internacionales. Ahorrémonos el bochorno.