Editorial-ABC
- La opinión pública censura de forma inequívoca la gestión de Sánchez en Ceuta y no cree el relato del Gobierno sobre Marruecos
La encuesta de GAD3 para ABC contiene unos datos concluyentes sobre el veredicto ciudadano contra Pedro Sánchez y su Gobierno por la gestión del asalto a Ceuta. Por lo pronto, el 80 por ciento de los encuestados da por hecho que el asalto masivo a la ciudad autónoma fue alentado por Marruecos. La estratagema urdida por la Moncloa para exculpar al país magrebí es repudiada sin matices, incluso por el 77 por ciento de los que votaron al PSOE en las últimas elecciones generales. A Sánchez no le creen ni los suyos y tampoco le disculpan que se fuera de vacaciones mientras el asalto cercenaba la vida personal, familiar y social de los ceutíes. El 72 por ciento de los encuestados creen que el Gobierno no reaccionó con rapidez ni con los medios necesarios. El porcentaje sube aún más entre quienes creen que el Gobierno debe permitir al Rey Felipe VI visitar Ceuta.
Es decir, todo el discurso gubernamental tejido con mentiras desde el primer momento queda enmendado y derogado en su totalidad y de tal manera que el aislamiento de Pedro Sánchez es absoluto. Solo le apoyan –hasta que dejen de hacerlo su partido y su grupo parlamentario, ninguno de sus socios de investidura y de gobierno y parcialmente su gobierno, como se vio notoriamente en el banco azul del Congreso de los Diputados el jueves pasado. El detalle de las opiniones reflejadas en la encuesta ahonda esta condena social porque a la pregunta de cómo valoran los encuestados la actuación del Gobierno de España, el 59 por ciento responde de forma negativa, con un significativo 35 por ciento de encuestados socialistas. La imagen del PSOE es la de un partido deshabilitado como formación política y acepta el papel seguidista que le exige Sánchez, porque, si no fuera así, si el PSOE fuera un partido político consciente de su responsabilidad democrática, no toleraría el hundimiento al que lo arrastra su secretario general. Un partido político que queda abducido por el líder y renuncia a la confianza ciudadana y al poder legítimo está condenado a la ruina.
En paralelo a la pésima opinión ciudadana por la gestión del Gobierno, los encuestados disciernen el papel de otros actores, premiando al Ejército y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, como era previsible, al Ejecutivo ceutí presidido por Juan Jesús Vivas, seguidos por las ONG y organizaciones humanitarias. El reproche a la clase política salpica a los partidos de la oposición, Partido Popular y Vox, porque el disgusto ciudadano, aunque lo encarne Sánchez, se extiende a todo cuanto represente al sistema que ha fallado en Ceuta. La actuación de la Unión Europea solo convence a un exiguo 14 por ciento. El gran señalado es el reino de Marruecos con una valoración negativa sobre su papel en la crisis de ocho de cada diez encuestados.
Ante este estado de la opinión pública, transversal en lo ideológico e inequívoco en sus conclusiones, el problema es qué va a hacer Pedro Sánchez en las próximas semanas, porque lo que la sociedad no le permite es nuevos engaños, ni falsas promesas. Si está pensando en ganar tiempo con más discursos vacíos, tramar informes a su medida con la ayuda del ministro Marlaska, enquistar el problema hasta que Ceuta desista o generar nuevos conflictos que vayan desplazando el de la quiebra de la soberanía nacional; si esto es lo que piensa, de antemano sabe que la sociedad española no tiene margen para consentírselo.
Llegó septiembre y Pedro Sánchez no pudo sorprender a nadie porque la chistera no tenía conejo. Esas expectativas, tan puerilmente generadas en la izquierda, de que a la vuelta del verano el líder socialista retomaría la iniciativa para llegar victorioso a las próximas elecciones, se han disuelto como el humo y lo que queda es un presidente del Gobierno solo, aislado, deslegitimado y completamente entregado a Rabat, aparentemente con poder y fuerza para decidir qué nuevas crisis van a pasar, cuándo y dónde. Si esto es todo lo que le queda al PSOE como oferta política, tome nota de lo que piensan los ciudadanos españoles.