Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- Todo el espectro político catalán se verá obligado a reformular su estrategia en un escenario inédito
Una reciente encuesta de GESOP, empresa catalana de investigación sociológica y estudios de mercado considerada solvente en el sector, ha evaluado la intención de voto para las próximas elecciones autonómicas en aquella Comunidad, previstas en principio para la primavera de 2028, consignando cifras bastante sorprendentes. Según esta encuesta, el PSC seguiría siendo el partido más votado, pero con un descenso significativo, pasando del 28% y 42 escaños a un 25% y 31-34 escaños, aunque lo más llamativo de este sondeo es el meteórico incremento de Aliança Catalana, que se sitúa como segunda fuerza saltando de un magro 3.7% y 2 escaños a un 16.8% y 25-28 escaños. Expertos en sociología electoral me dicen que esta tendencia seguirá imparable y que muy probablemente Silvia Orriols destrone a Salvador Illa dentro de dos años y AC tenga el grupo parlamentario más numeroso en la Cámara del Parc de la Ciutadella. Las razones que me dan para esta cataclísmica evolución de la orientación política de la sociedad del Principado son las siguientes: 1) la posición radicalmente independentista de AC con su planteamiento unilateralista sin complejos ni remilgos atrae a una parte apreciable del electorado de la CUP, de ERC y de Junts, frustrada por la que perciben como una falta de cumplimiento de sus compromisos por parte de Pedro Sánchez 2) su anti-islamismo explícito y su defensa cerrada de un enfoque marcadamente restrictivo de la inmigración suscita apoyo en todo el espectro social, característica que la invasión de Ceuta ha intensificado y 3) su adhesión entusiasta a la economía de libre empresa con impuestos moderados y reducción del tamaño de la administración y del gasto público es música celestial para los simpatizantes del PP y de Vox,
Occidental y blanca
Esta oferta programática capta papeletas en todos los caladeros de Cataluña, desde la izquierda extrema a la derecha conservadora, y explica el vaticinio del ascenso de AC a la cúspide del podio del Parlament cuando se abran las urnas para los comicios autonómicos. Otra cosa será si podrá formar un Gobierno de la Generalitat presidido por Orriols porque este logro dependerá en buena medida de los posibles pactos entre formaciones del resto del arco ideológico. En cualquier caso, que un partido tenido por marginal y anecdótico hace poco tiempo escale hasta ser la opción a la cabeza de la competición electoral en Cataluña es un fenómeno espectacular que trastoca muchos de los supuestos en los que se han venido basando las preferencias de los catalanes a la hora de manifestar su respaldo a las diferentes siglas en concurso en sus cuatro provincias. Uno de mis interlocutores sobre esta novedad, me lo ha resumido así: un volumen considerable de ciudadanos sienten una mayor identificación con una Cataluña desgajada de España, pero occidental y blanca, que con una Cataluña islámica en una España islamizada.
Un movimiento pendular tan amplio de la opinión pública catalana pone de relieve que el humor electoral de una sociedad democrática puede experimentar cambios drásticos a lo largo del tiempo dependiendo de la marcha de los acontecimientos y de los errores o aciertos de sus gobernantes. Así, la hegemonía del pujolismo, es decir, del nacionalismo pragmático, corrupto y taimado, duró dos décadas, se produjo después el efímero brillo de Ciudadanos, cuya base ideológica era opuesta a la que dominó durante la larga etapa anterior, pronto esfumado por la inmadurez e irresponsabilidad de sus dirigentes, posteriormente irrumpió el delirio secesionista, consumido en sus propias llamas, y ahora reina ese extraño fenómeno que es el socialismo catalán, un híbrido de criptonacionalismo, izquierdismo aburguesado y burocratismo soso. La llegada a bombo y platillo de un irredentismo agresivo y nada dispuesto a la conciliación combinado con su trituración del pensamiento woke políticamente correcto y su liberalismo económico y social descarado, agitará las aguas del llamado oasis catalán de forma desconocida hasta el presente con consecuencias imprevisibles tanto en el plano local como en el nacional español.
Un artefacto extraño
En semejante contexto, todo el espectro político catalán se verá obligado a reformular su estrategia en un escenario inédito que romperá sus esquemas habituales. Vivimos una época desquiciada que exige una acelerada capacidad de adaptación y un esfuerzo permanente de imaginación debido a los rompedores avances tecnológicos y las rápidas variaciones en las inquietudes, temores, filias y fobias del hombre de la calle. Aliança Catalana es un artefacto extraño hecho de piezas procedentes de otras construcciones conceptuales que refleja el espíritu de unos tiempos de inestabilidad, desorientación e imprevisibilidad. En el tenis, deporte ahora tan de moda, coger con el pie cambiado al contrincante asegura el punto. Silvia Orriols lo sabe y lo practica magistralmente.