Sánchez quiere ser Romeva

LIBERTAD DIGITAL 05/12/15
JAVIER SOMALO

Dice Pedro Sánchez que pactaría con cualquiera para gobernar si obtiene «un voto más que el PP» y que, para ello, ofrecería un «programa común» no sólo a Rivera e Iglesias sino a todo el que se ponga en suerte, desde IU hasta el PNV y quién sabe si alguno más. Una especie de Juntos por el No, con el Pacto del Tinell y el cordón sanitario como artículos fundacionales. El plan, insiste el socialista, sólo es válido en caso de que el PSOE salga de la Fosa de las Marianas –sin segundas– en la que ha enterrado a su partido.

No hay peor forma de empezar una campaña: si por algún hecho sobrenatural, un magnífico milagro, el PSOE emergiera de la sima, su candidato promete diluirse y hacer de Romeva pero en toda España. Y además cuenta con que su propuesta sería bien recibida.

Cuesta poco trabajo pero da mucho miedo imaginar lo que sería, por ejemplo, un Ministerio del Interior en el que tuvieran mano Íñigo Errejón, Alberto Garzón o Aitor Esteban –o todos a una–, además de los hombres de confianza de Sánchez, que no sé si serán los del PSOE tradicional en cuyo caso no tendría que contratarlos porque llevan décadas en activo.

Albert Rivera ha dicho varias veces que no formará parte de un gobierno si no es presidente. Hasta ahora, Ciudadanos ha dado llave de gobiernos regionales al PSOE y al PP cuidándose de no provocar cambios de signo político. Los casos paradigmáticos son las comunidades de Madrid y Andalucía donde han combinado lupa y vista gorda respectivamente, vigilando casi por igual al partido adjudicatario de la ayuda y al ciudadano encargado de apoyarlo. Esa equidistancia les ha sido muy criticada allí donde se ejerce sin ambages el control al poder, o sea aquí. Pero los de Rivera, hasta ahora, no han querido cambiar el panorama político donde han sido necesarios para gobernar porque saben que el verdadero examen llega el 20 de diciembre. Será a partir de entonces cuando, pase lo que pase, Ciudadanos se convertirá en un partido nacional, cuando Albert Rivera tenga que escribir su discurso para el Debate sobre el Estado de la Nación. Todo parece indicar que a partir del día 20 Rajoy sí aceptará a Rivera como político y hablará de él y hasta lo llamará por su nombre. De momento, según el presidente del Gobierno, puede ser candidata Begoña Villacís pero no Albert Rivera porque la nota de corte para optar a La Moncloa es ser concejal. ¿Y Guillermo Zapata, el de los ceniceros del Holocausto, el de los chistes sobre Irene Villa? ¿Puede?

Volviendo a las intenciones sobre pactos, el PSOE de Pedro Sánchez ha procurado precisamente todo lo contrario que Ciudadanos, abriendo despachos de mando local y regional a los que nacieron para boicotear un proyecto común para España: separatistas y populistas de extrema izquierda. Sánchez sí necesitaba cambiar gobiernos en mayo para demostrar –quizá a sí mismo– que tenía cierta influencia, que podía alzar o dejar caer su pulgar. El único criterio fue desalojar a la derecha por una razón lógica: al contrario que Rivera, Sánchez sabía que a partir del 20 de diciembre la hora de la verdad será bien amarga.

Sin embargo, sigo pensando que, en el fondo PP y PSOE se necesitan. Quieren estar arriba, a gran distancia del resto, para alternar sus LOGSES y LOMCES, legislar errores y derogar aciertos, pactar vacíos antiterroristas que terminan en pacto con los terroristas, repartirse jueces y magistrados e ir renovando de vez en cuando el mobiliario de La Moncloa. Se necesitan juntos, como enemigos íntimos, con sus filesas, ERES, gúrteles y púnicas. Se conocen bien y, aunque se odien, saben taparse las vergüenzas porque se saludan en las cloacas. De los GAL al 11-M siempre ha habido alguna razón de Estado lo suficientemente grave como para pasar página, para no hacer leña del tronco común.

Dicen los sondeos que eso se acabó. Que el gobierno que viene será corto. Recojan velas, borren correos, destruyan listas negras de tertulianos y consignas mediáticas, no se olviden de retirar micrófonos y empiecen a buscar futuras alternativas de poder entre sus concejales. Aunque Sánchez se crea ahora Romeva, si el PSOE no es la alternativa, el traspaso de poderes o el hecho de tener que compartirlo puede ser tan traumático para el Gobierno como beneficioso para el resto de los españoles.

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