Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • El presidente aparece cada vez más solo, más cuestionado por sus socios de investidura

El presidente Pedro Sánchez ha emulado a los hinchas del Real Madrid que cantan el ‘cómo no te voy a querer’ entonando, en el debate de la corrupción en el Congreso de los Diputados, su ‘cómo no vamos a continuar’, frente a quienes le piden su dimisión o el adelanto electoral. Y esto nos dijo Sánchez en ‘estos días un tanto oscuros’ a los que aludió el Rey Felipe VI y cuando el presidente evocaba la máxima de José María Aznar de: ‘el que pueda hacer que haga’.

El problema de Sánchez reside no solo en casos de la corrupción que le rodea, empezando por las condenas de Ábalos y Koldo en el Supremo (24 y 19 años de cárcel respectivamente), sino en lo que está por venir en próximas fechas y procesos pendientes. Entre los los que figuran tres notorios ‘artistas’: Cerdán, Leire y Zapatero.

Sánchez volvió a apoyar al expresidente socialista, pero esta vez sin mencionar en el Congreso las famosas joyas -de las que ZP aún no ha dicho ni pio- porque Sánchez sabe muy bien el impacto que esta cuestión tiene en el conjunto de la sociedad.

Asimismo, Sánchez está a la espera de una pronta sentencia de su hermano David Sánchez y teme la posibilidad de que la Audiencia Provincial de Madrid asuma el auto del juez Peinado y anuncie la fecha de apertura de juicio oral contra su esposa Begoña Gómez, la que ya ha entregado su pasaporte en el juzgado.

Pasión familiar

Como a la espera está el presidente Sánchez del caso Zapatero donde han sido imputadas sus hijas Alba y Lara, ‘las lobas’ parece que las llama la secretaria Gertru, lo que prueba la ‘pasión familiar’ de estos dos presidentes socialistas aunque, por lo que se ve, más bien al estilo ‘siciliano’ de ‘la Familia’.

Un ZP que ahora teme la confesión de su testaferro, Julio Martínez, quien ya ha sido citado a declarar como imputado por el juez José Luis Calama para el día 21 de julio. Y del que tanto Zapatero como en el PSOE y en el Gobierno temen su confesión ante la fiscalía de la Audiencia Nacional en línea con lo ocurrido con Víctor Aldama en el Tribunal Supremo donde cosechó, por colaborar con la Justicia, una pena reducida de 4,5 años de cárcel y la suspensión de dicha condena. El modelo que bien podrían seguir Julio Martínez ante el juez Calama, y otros imputados en sus respectivos procesos como Leire Díez y Santos Cerdán. A igual que podrían hacerlo Ábalos y Koldo en los juicios que aún tienen pendientes, en la compañía de Cerdán, sobre obras públicas e hidrocarburos.

En suma, un importante y desastroso horizonte procesal y penal para el sanchismo al que se le van añadiendo nuevos casos como el aparecido en el ayuntamiento de Soria, o con la petición de ocho años de cárcel para el golfo pintoresco Tito Berni de Canarias. De manera que el discurso de Sánchez del ‘y tu más’ -que denunció Rufián en el Congreso- contra el PP de Feijóo quedaría sepultado por las nuevas revelaciones de la corrupción socialista que van a ir apareciendo. De de la misma manera que los ataques del PSOE y del Gobierno contra el juez Peinado quedaron sepultados por las condenas de Ábalos y Koldo.

La hora de cantar

Y todo ello con el riesgo añadido para Sánchez y PSOE de que esas muy posibles nuevas confesiones y revelaciones acaben afectando de lleno a la presunta financiación irregular del PSOE (partido que financió a Leire) y a no descartar tampoco al propio Pedro Sánchez si Ábalos y Cerdán decidieran ‘cantar’ sobre los rescates de Air Europa y Plus Ultra, ante la fiscalía durante las indagaciones de los casos de obras públicas y los hidrocarburos. O si resulta que Leire Díez, que parece muy propicia, se convierte en la soprano de esta representación.

Y todo ello cuando un iluso Sánchez, cada vez más solo y alejado de sus socios de investidura, todavía pretende llevar los PGE de 2026 al Congreso. Donde la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, le pidió la dimisión sin rodeos, en clara coincidencia con Felipe González. Y, por supuesto con PP y Vox, mientras Sánchez se pavoneaba con impostada sonrisa de sus pretendidos éxitos en economía, iniciativas sociales y en la política internacional. Donde, dicho sea de paso, España fue excluida del núcleo duro atlántico que va a preparar la próxima cumbre de la OTAN en Turquía, en la que Sánchez buscará el enfrentamiento con Donald Trump.

La única petición de dimisión que Sánchez muy difícilmente podría esquivar sería la de un editorial del Grupo Prisa -¿a qué esperan?- en la portada del diario El País exigiendo a Sánchez que disuelva las Cortes, convoque de manera inmediata elecciones generales y que no se vuelva a presentar en la próxima cita electoral.

El ‘botón nuclear’

Un editorial decisivo que depende de la decisión del presidente del Grupo Prisa, Joseph Oughourlian. El que ya apartó del periódico y la Cadena SER a las directivas sanchistas de Pepa Bueno y Angels Barceló. Pero, por el momento, el empresario se resiste a apretar el ‘botón nuclear’ del final del sanchismo.

En la creencia Oughourlian que aún tiene un año por delante, pero debería saber que si no actúa con premura corre el riesgo serio de un estallido interno del PSOE (a nada que ‘cante’ algún imputado). Lo que dejaría al presidente de Prisa enfrentado al futuro gobierno del PP, que entonces tendría cogida por el mango la sartén de la SEPI y, en consecuencia, las de las compañías Indra y Telefónica en las que Oughourlian tiene depositados muchos intereses.

De manera que estemos atentos en próximos días a esta partida en el tablero del ajedrez político español en la que Sánchez, como en la película de El séptimo sello de Bergman, se enfrenta a ‘la parca’ del poder con gestos todavía chulescos y desafiantes pero a sabiendas de que su final, puede que patético y también judicial, ya está al caer.