Ignacia De Pano-Vozpópuli
- La primera ministra italiana no va a quedarse de brazos cruzados porque España permita la violación de sus fronteras
La primera ministro italiana, Giorgia Meloni, inició sus vacaciones estivales con una escapada de tres días a la isla de La Maddalena, en Cerdeña. Hasta allí llegó el 6 de agosto, acompañada de su pequeña hija Ginevra, a bordo del ferry regular que cubre el trayecto desde Palau. Madre e hija se alojaron en un hotel, el Grand Resort Ma&Ma, y dedicaron su fin de semana largo a disfrutar del mar. Nadaron, bucearon e hicieron excursiones en lancha por las calas de la isla. Por las tardes tuvieron tiempo para pasear por el centro histórico del pueblo y disfrutar de una cena en una terraza. En poco se diferencia hasta aquí la actividad veraniega de la primera ministra de la de cualquier español de clase media en sus merecidos días de ocio en cualquier playa de nuestra costa. Incluso el hecho de que los tres días de vacaciones, el ferry, el hotel, las actividades y las cenas las pagará Meloni de su bolsillo nos la hacen todavía más cercana y familiar.
Como ella, a diferencia de Sánchez, puede pasear por la calle, fue vitoreada por la gente con la que se encontró en sus paseos por el pueblo. Pero como es mujer de derechas, y por lo tanto no se le aplica la categoría polític-progresista de “mujer”, las fotos que se le hicieron en ropa de baño mientras disfrutaba del mar fueron recibidas en redes sociales con auténtico odio. El feminismo de izquierdas no duda a la hora de machacar los cuerpos de las mujeres que no son de su cuerda, ni les tiembla la mano cuando las atacan con un ferocidad inusitada. Si en vez de bañarse en una playa pública como una ciudadana normal hubiera dispuesto para sus vacaciones de un palacio cerrado para ella como ocurre con Pedro Sánchez se hubiera ahorrado las imágenes y los insultos. Pero entonces no sería ella, y no podría pasear por la calle y cenar como todos los demás ciudadanos sin temor a enfrentarse al desprecio del pueblo.
Las vacaciones de nuestro presidente adquieren nuevos matices cuando se comparan a las de su bomóloga italiana. Prácticamente un mes entero en La Mareta, la propiedad que un rey jordano regaló a los Reyes de España, con una zona temporal de exclusión a la navegación frente al palacio de 732.000 metros cuadrados y con todas las actividades náuticas restringidas dentro del área, que en algunos puntos llega hasta un kilómetro mar adentro. Ni siquiera el emperador Tiberio, en su refugio de Capri, dispuso de semejantes medidas de seguridad para el disfrute en perfecta soledad de sus largas temporadas de ocio. Alejado de la población, ensoberbecido hasta la patología, gloriosamente aislado en el disfrute, por supuesto que por la patilla, de una mansión de Patrimonio Nacional que le costeamos entre todos y que no deja de mejorar para su uso y disfrute personal de forma megalomaniaca, a Sánchez le llegaron los ecos de la invasión marroquí de Ceuta con sordina. Tanta, que siguió con sus vídeos recomendando libros que no lee y música que no escucha con su voz engolada y su mirada vacía fijas en la cámara. Fiel partidario de la política de la avestruz, Sánchez se niega a abandonar su palacio de verano de la misma forma que se niega a conovocar elecciones, aunque esté rodeado de corrupción, imputados y delincuentes con condena firme cumpliendo su pena en prisión. Él sabrá el por qué de su docilidad insoportable con el rey absoluto de Marruecos, aunque todos podamos tener una idea bastante plausible de lo que se esconde tras esta rendición indigna de nuestra soberanía nacional.
Italia se defiende de una España chantajeada
Giorgia Meloni, la primera ministra que se va de vacaciones en un ferry como todo hijo de vecino y se paga los viajes como usted y como yo, no está por la derrota anticipada de su patria sin dar la correspondiente batalla. Lleva años siendo minusvalorada por los machos de la izquierda divina y sufriendo humillaciones más o menos sibilinas por parte de una élite política europea que ha tardado en digerir su legitimidad democrática y su valía personal. Si España permite la invasión ella no va a quedarse con los brazos cruzados. Como se debe a su país y está en su puesto para tomar decisiones, ha reforzado los controles a los ciudadanos que vienen de España para que no se le cuelen personas en situación ilegal. Ya han salido las primeras noticias de individuos en esta situación que han sido detectados por el reforzamiento de los controles aduaneros. Como españoles nos podrá gustar más o menos, pero es legítimo que Italia se defienda de una España rehén de un tipo que toca la lira en un palacio isleño y que ha confundido sus intereses personales con los de toda la nación.
Por supuesto, Sánchez sacó frente a Meloni toda la chulería que brilla por su ausencia en sus tratos con el rey de Marruecos. Le molesta de ella que tenga una idea de gobierno, que no se amolde a sus farfullas, y sobre todo, que sea mujer. El macho alfa, que en este estadio decadente de su mandato es más un macho Omega, no soporta de Meloni, sobre todo, que sea Meloni.
Y es que el machismo de la izquierda española no tiene fin. Es casi infinito, como el área de exclusión de la costa frente a la Mareta para que el presidente y su familia puedan disfrutar del mar que nos quitan a todos, en el que podría ser su último verano como emperador de Roma.