Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • Yo veo que la violencia sólo la ejercen los suyos y que parece que vuelve ETA

En estos días, me viene de vez en cuando a la cabeza El hundimiento,  la extraordinaria película de Oliver Hirschbiegel en la que un sublime Bruno Ganz interpreta al Hitler de los últimos días. Cuando Elma Saiz prometió con una gran sonrisa que habría martes sociales cada semana, pensé en el Führer organizando desde el búnker una defensa aérea con unos aviones que la Luftwaffe ya no tenía. El ejército rojo estaba a las puertas de Berlín, pero a él no le preocupaba en absoluto el sufrimiento que los alemanes padecerían a manos de los rusos, pues se lo merecían por haberle fallado y haber perdido la guerra. No creo que Sánchez nos desprecie menos. Entiéndase que sólo estoy comparando la relación de ambos con la realidad y sus sentimientos hacia sus respectivos pueblos, aunque Su Persona nunca ha intentado unirnos a todos bajo una gran nación y una única bandera; de hecho, la única promesa que ha cumplido ha sido la de levantar un muro entre españoles.

Al principio, al otro lado de ese muro sólo estábamos quienes no le votamos. Pero la lista se ha ido ampliando tanto que hasta Felipe González, Alfonso Guerra, Nicolás Redondo Terreros, Tomás Gómez y otros insignes socialistas han sido expulsados del paraíso progresista. Pero ellos no me preocupan, me inquieta mucho más que haya exiliado al otro lado del muro a quienes empañan el relato, como los afectados por el volcán, por la Dana por los incendios, por la invasión de Ceuta o, incluso, por el accidente de Adamuz.

Provocar para victimizarse

Así, las familias de las víctimas, no sólo no recibirán una disculpa de labios del ministro de Transportes—“Yo no he soldado el raíl”—, sino que ni siquiera merecen respeto. El otro día, haciendo gala de una falta de empatía que hiela la sangre, Óscar Puente acudió a un programa del estomagante Marc Giró y participó en un número humorístico que parodiaba los problemas de Renfe y recordaba, inevitablemente, al accidente ferroviario en el que murieron 47 personas y que podría haberse evitado si las vías hubieran tenido el mantenimiento adecuado.

También encontraron un momento para cachondearse de Juan Vivas y, por extensión de todos los caballas. ¿No había otros temas menos sensibles para hacer humor? Por supuesto que sí, pero el primer objetivo es insultar a quien exige Justicia para provocar una reacción violenta que les permita victimizarse. Y para insultar, nadie mejor que el Luca Brasi de Sánchez.

Al día siguiente, el mismo Puente declaró: «La mejor manera de parar el fascismo es votar, votar el 29N y así nos evitamos las pesadillas. Nos evitaremos cuatro años de tener que salir a la calle a protestar por las muchas cosas malas que sin duda van a sucederle a nuestro país si llegan al gobierno. Es mejor salir un día y meter la papeleta que tener que estar saliendo un día tras otro durante cuatro años». Segundo objetivo conseguido: ya somos oficialmente fascistas. Y los fascistas, ya se sabe, no merecen existir.

Por eso los delegados de gobierno permiten que los antifa se manifiesten a pocos metros de los actos de VOX, lo que acaba en enfrentamientos con la policía y contendedores en llamas. Por eso las alcaldesas de La Coruña y Avilés alientan a los agresores cuando justifican los actos violentos porque VOX ha ido a “provocar”.  ¿Alguien sabe dónde está Marlaska?

Quemar la Puerta del Sol

Tal y como comenté en mi anterior columna, la kale borroka se va extendiendo por toda España, pero no tengo ninguna duda de que se reservan la mayor violencia para Madrid. Si el otro día Manuela Bergerot amenazaba a Ayuso diciéndole que “en las calles de Madrid no habrá paz”, esta semana era Jimena González, ese señore histérique, quien se encargaba de entregar el mensaje: “Tienen ustedes ahí enfrente una acampada totalmente pacífica y cívica, y a lo mejor la señora Ayuso prefiere que la gente use la vía francesa y que entre a la Real Casa de Correos y le prenda fuego”. Francia es el modelo de esta ultraizquierda que, en realidad, sólo piensa en sus sueldazos. No hay más que ver el espectáculo que están dando por el reparto de sillones.

Los de Más Madrid, que siempre están enfadadísimos como si no vivieran mejor que el 90% de los madrileños sin pegar chapa, sólo representan al 18,36% de los votantes, pero siempre hablan como si hubieran sacado mayoría absoluta y una tirana se la hubiera robado. Tanto su grupo —ahora llamado Frente Amplio— como Podemos y el PSOE están en modo asustaviejas y aseguran que, si el PP y Vox llegan al poder, acabarán con los derechos de la mujer, de la clase obrera y del colectivo LGTB y que censurarán películas, libros y cualquier manifestación cultural. Sólo les falta prometer que Franco se levantará de su tumba y volverá a dirigir España con mano de hierro desde el palacio del Pardo.

Sin embargo, yo veo que la violencia sólo la ejercen los suyos y que parece que vuelve ETA: esta semana se ha detenido a unos etarras que tenían planos de zulos, listas de guardias civiles y el teléfono clonado de un policía nacional. Así que, si resulta que los fascistas son quienes hacen su vida sin agredir a nadie, prefiero el fascismo.